Al margen de su tarea represora directa como fiscal de los juicios criminales, Arias Navarro siguió una fulgurante carrera política siempre con mando en tareas represoras. En 1944 es nombrado gobernador civil de León. En 1951 pasa a serlo de la isla de Tenerife. En 1954 es nombrado gobernador de Navarra y en 1957 es ascendido a Director General de Seguridad, es decir queda al mando de la dirección del orden público de la dictadura, a partir de ese momento, el Carnicerito de Málaga, tiene bajo su mano el control y las ordenes represivas de los cuerpos policiales que serán cosa suya . Como ejemplo tenemos que durante su periodo al frente de la DGS se fusiló a Julián Grimau.
Carlos Arias Navarro, por su frialdad y nula empatía con la disidencia política se convirtió en mano derecha del ministro Camilo Alonso Vega, también conocido por su brutalidad como Camulo Alonso Vega. Ambos comparten rudeza, mentalidad criminal y obediencia sumisa al genocida Franco

En 1965 pasa a ser premiado con el cargo de alcalde de Madrid, más lustroso y visible, en el que destacó, por poner un ejemplo de desmanes urbanísticos, permitiendo la construcción de la Torre de Valencia, tildada, incluso entonces con la prensa aherrojada por la censura, como atentado paisajísticos del entono madrileño.

El régimen descarrilaba por la vejez del dictador y el visible deterioro que el Parkinson le producía. La oposición tanto política como sindical se organizaba con la prudencia que suponía tener enfrente a unas fuerzas de seguridad sin prejuicio de utilizar armas de fuego para reprimir, o torturas y asesinatos en comisarías. Arias Navarro, en 1973, justo en el veinte de diciembre, cuando voló a las alturas celestes Carrero Blanco, era a la sazón ministro de Gobernación, por lo tanto encargado de la seguridad. Lejos de ser dimitido por el fallo de los servicios de información tan atentos a cualquier movimiento estudiantil o sindical pero ineptos para vigilar el atentado que volteó la gobernabilidad de la dictadura, fue elegido de forma sorpresiva presidente del gobierno. En dicho nombramiento tuvo mucho que ver la simpatía que sentía por él y por su esposa, doña Carmen Polo de Franco. La tarea de halago y sumisión del Carnicerito de Málaga durante los años de estancia en Madrid daban sus frutos.

Tomó el poder cuando la dictadura se descomponía como fruta podrida por viejos odios represores, volviéndose más cruel precisamente por la intuición de que todo acabaría pronto. No obstante de mantener la represión a pleno rendimiento, al tomar el poder Carlos Arias, condescendió a prometer cierta apertura del régimen. El “espíritu de doce de febrero” lo dieron en llamar por el día en que discurseó el otrora represor prometiendo reformas. Discurso que se apagó pronto debido a las presiones del bunker (franquistas y falangistas recalcitrantes) como Girón de Velasco, el general Iniesta Cano y las diatribas que se lanzaban desde el diario falangista Arriba y el Alcázar, más franquista que otra cosa. El atentado de ETA de la cafetería Rolando no hizo más que ratificar un nuevo estado de excepción y la vuelta a la apretura fascista.

En veinticuatro de febrero de 1974, una homilía de monseñor Añoveros en Vizcaya alertó al gobierno de que la iglesia, antes sumisa y obediente, se desmandaba. El buen arzobispo solo defendía el uso del euskera en el pueblo vasco. Arias ordena de inmediato el arresto domiciliario del obispo y da orden de que se ponga un avión en Sondika con el fin de sacar del país al obispo y al vicario…El Vaticano y la Conferencia Episcopal intervinieron en defensa de monseñor y todo quedó en susto.

En el ejército, al calor de la Revolución portuguesa, se había formado un grupo de militares demócratas que se llamaban Unión Militar Democrática (UMD) que a poco de formarse fueron desarticulados, expulsados del ejercito y detenidos sus mandos. Eran dos estocadas firmes al régimen puesto que tanto la iglesia como el ejercito eran bastiones seguros de la dictadura y Arias apretó la represión con toda su fuerza de gregario del fascismo.
Franco se muere a la vista de todos/as, lo que es aprovechado por el reino de Marruecos para realizar la Marcha Verde, ante la que el gobierno tan gallito con la protesta interna, se pliega a los deseos del rey Hassan II, confirmado en los Acuerdos de Madrid que el Sahara será repartido entre Marruecos y Mauritania (más tarde los mauritanos renunciarían al expolio) traicionando de forma bellaca al pueblo saharaui al que se le había prometido la independencia. El colonialismo de Marruecos convirtió en un polvorín a la provincia numero 53 de España retratándose la cobardía de un gobierno incapaz.

Y llegamos al veinte de noviembre cuando el lloroso Arias Navarro comunica con voz entrecortada y llorosa la muerte del tirano que había mantenido a España bajo una terrible dictadura, vestigio del pasado hitleriano y mussoliniano cuya trascendencia era totalmente anacrónica en la Europa democrática.
Muerto Franco, aun considerando el rey Juan Carlos I que Arias era un completo desastre (palabras textuales del monarca) siguió presidiendo la nación hasta la llegada de Adolfo Suarez después de una dimisión forzada del Carnicerito. En reciente entrevista Nicolás Sartorius, lucido testigo de la época, cuenta con detalle cómo se realiza la dimisión

Antes de dimitir dos sucesos corroboraron la sangrienta historia de este nefasto personaje. El tres de marzo de 1976 los trabajadores de Forjas Alavesas están de huelga. Deciden encerrarse en la parroquia vitoriana de San Pablo, ya que el Concordato ofrecía refugio por ser las iglesias intocables al poder civil.
Ha quedado para la historia el audio de las conversaciones por radio de la policía durante la intervención, un documento estremecedor que relata la barbarie franquista. “Hemos contribuido a la paliza más grande de la historia”, dice uno de los policías al final del audio.

El desalojo de la iglesia se realizó de una forma brutal. La policía lanzó gases lacrimógenos en el interior del templo a través de las ventanas. Dentro, los obreros quedan totalmente cegados por el humo y los gases, por lo que los huelguistas no podían ver ni respirar generándose un estado de pánico general. Se abrieron las puertas y todo el mundo corrió hacia la calle huyendo de la asfixia. Según salían los obreros cegados por el humo fueron apaleados y tiroteados a quemarropa con bolas de goma y armas de fuego que incluían metralletas.

El resultado del despiadado ataque de las fuerzas de orden público, fue de cinco obreros asesinados por disparos de bala y más de 150 heridos, al menos 40 de ellos de bala.
Sus nombres son: Pedro María Martínez Ocio, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de 19 años, José Castillo, de 32 años y Bienvenido Pereda, de 30 años.
En los días siguientes la indignación estalló tanto en Vitoria como en el resto de España. La represión se cebó contra las manifestaciones y asambleas. En Tarragona, Juan Gabriel Rodrigo cayó muerto el 5 de marzo de 1976 en la manifestación contra los asesinatos de Vitoria. En Basauri, Vicente Antón Ferrero fue muerto a tiros de la Guardia Civil el 8 de marzo de 1976 para disolver una asamblea informativa de trabajadores.

https://www.rtve.es/play/videos/te-acuerdas/acuerdas-sucesos-vitoria-3-marzo-1976/710638/
https://www.martxoak3.org/loshechos/
Fraga Iribarne (fundador poco después de Alianza Popular, germen del PP) proclama que la calle es mía por lo que hace lo que le da la gana con quien se manifiesta. Nadie asume responsabilidades, se culpa a los huelguistas de la masacre y no es juzgado ni uno solo de los policías que han disparado a discreción.

Otro suceso que conmovió al país fueron los actos de Montejurra sucedidos el nueve de mayo de 1976. Los carlistas suben al monte sagrado una vez al año en procesión. Ese año se intuye que habrá problemas porque hay dos facciones que dividen al carlismo. Los mayoritarios adeptos de Carlos Hugo, que ha virado desde un tradicionalismo histórico hacia un socialismo autogestionario y federalista y los partidarios de Sixto de Borbón, primo del anterior, que mantiene las esencias ultraderechistas del origen.

El grupo de Sixto está protegido por la policía, incluso el gobernador civil de Pamplona ha reservado veinte habitaciones para los cargos principales del grupo en el hotel Irache de Pamplona. Han venido como apoyo grupos fascistas italianos de la sociedad Gladio, como Alberto de la Chiae, conocido terrorista ultra, guardaespaldas de Fraga y más tarde jefe de seguridad del partido AP . Argentinos de la Triple A, han pertrechado a los partidarios de Sixto con bastones, pistolas y armas blancas, todo con la conformidad de la policía, del ministerio de Gobernación y supuestamente del gobierno. Se trata de incapacitar como sea a los carlistas que han derivado en socialistas. Y como sea es asesinando a miembros del grupo de Carlos Hugo.

El disparo de José Luis García, el hombre de la gabardina, visiblemente armado y fotografiado por la prensa presente, lo que sirve de prueba en el juicio posterior, asesina a Aniano Jiménez Santos, justo en la base del Montejurra cuando los de Carlos Hugo emprendían la subida. En la cima del monte se encuentra Ricardo García Pellejero que cae bajo las balas del criminal Francisco García Mouriño.
Según el historiador Manuel Martorell, afirma que fue el gobierno de Arias Navarro el que habría elaborado «detallados planes y previsiones para arrebatar la concentración anual al partido liderado por Carlos Hugo de Borbón-Parma», con la colaboración del sector tradicionalista del carlismo.

Todo se hace a la vista de la gente común y de la prensa, por lo que son detenidos, a pesar de la complicidad del estado en la masacre. Son juzgados los culpables , siendo amnistiados en 1977 cuando se proclama la ley de Amnistía. Algunos de los participantes del criminal evento serán el germen del GAL que se formará años después.
Fraga Iribarne, en esta ocasión, minimiza los actos confesando que “ha sido una pelea de familia” obviando la complicidad de las fuerzas de seguridad y del propio gobierno. Arias Navarro, en Moncloa, tampoco se da por aludido por los criminales sucesos de Montejurra.

Poco después, tal como dijimos, el Borbón decide prescindir de Carlos Arias Navarro; no lo hace por ser un criminal sin escrúpulos con una historia detrás más que oscura, ni por permitir campar a los terroristas ultras en los últimos tiempos, sino por su probada ineptitud para poner en práctica los planes que han diseñado en EEUU para convertir a España en un país que simule una democracia vestida de lustre aunque debajo naden fosas llenas de asesinados y sigan campando los criminales en todos los estamentos del Estado.

El fin del Carnicerito de Málaga, llega el 27 de noviembre de 1989 cuando muere de un infarto en la tranquilidad de su domicilio . Ninguna figura oficial va al entierro, no se le rinden honores y el olvido cubre la figura de este siniestro personaje que sirvió con su mediocre personalidad a una dictadura plena de la crueldad inherente una ideología basada en la venganza de un fascismo recalcitrante.
María Toca Cañedo©

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