No muere la voz desnuda, pura, sin cosmética. Su eco circular nace una y otra vez del epicentro del ser humano, tal vez, porque es lo que lo constituye, su esencia más íntima. No mueren los textos materializados, mejor, humanizados desde esa voz libre, más que libre, libertaria, liberadora, porque esto es lo que Eusebio Poncela Pareja jamás dejó de transmitirnos de una forma descarada, espontánea, una bofetada o un achuchón para despertar a nuestros sentidos del abotargamiento programado al que esta sociedad nos somete.
Un actor que, en lo profundo, nunca actuó, porque nunca dejó de ser él. Es la sensación que siempre he tenido después de ver media docena de veces una de sus películas más destacadas.: Martín H. Probablemente, porque, en ella, no tuvo que actuar, no tuvo que desdoblarse, Dante era él. Tanto que he llegado a dudar de quién nació antes. En la realidad y en la película, un actor honesto, apasionado por la vida hasta la saciedad, que la mira de frente, que le escupe sus mentiras, que le saca los colores y la ama hasta penetrarla.
Un provocador insaciable, nacido para la comunicación, porque todo en él lo era: su cuerpo enjuto, su gesto señalador, su mirada punzante, su aspecto contradictorio, revestido de una fragilidad que escondía una fuerza conmovedora. Volveré a Martín H, a Dante, cada vez que intente retomar el camino, comenzar de nuevo, cada vez más desnudo, más liviano, sin afeites, como Tú. Sabiendo que, cada paso que logre dar por ese sendero, será un paso hacia mi liberación.
Desde tu libertad, intentaré seguir construyendo la mía, también, desde tu palabra, desde los textos que, haciéndolos tuyos, te inmortalizaron.
«A ti te parecería cojonudo que hablara de la libertad, me cagara en las convenciones pero que no tuviera los huevos para ser coherente y hacer lo que hago.»
(Dante – Martín H)
Juan Jurado.

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