El milagro de una buena novela

 

La literatura es novia dispersa. Más en los últimos tiempos. Te tientan las grandes letras de las estanterías, o la cansina voz de los “expertos” y picas. Adquieres el libro pensando que quizá se obre el milagro y lo llevas a casa entre suspiros de gusto. Y de esperanza en que sea como piensas, o como era cuando empezaste esta locura incansable de degustadora de libros.

Comienzas la lectura  tirando de paciencia. Esa paciencia literaria que reviste una lectura plúmbea, que pronto se hace bola produciendo somnolencia y cansancio. Como soy mujer y advenediza en  los  cauces del intelecto, caigo siempre en el síndrome de la impostora creyendo a pies juntillas que es culpa mía. De mi escasa formación, de mi precaria cultura, de mi criterio falaz educado en los rigores de la autogestión literaria. Me obligo, cual maestra de postguerra, a persistir en el intento.

Lo dicen todos/as, no vas a ser tú la lista. Hablan y escriben maravillas de la novela, es que tú has perdido el gusto o quizá no lo tuviste nunca. Sigue hablando del síndrome de impostora sin piedad ni mesura. Y le acabas con la sensación de vacío existencial que da el haber perdido el tiempo porque esa novela famosa cuya faja promete los cielos literarios te ha dejado cual tempano en invierno. Sin poso, sin gusto. Sin nada.

Sé que lo volveré a intentar porque es lo que tienen las adicciones, que se empecinan. Y a mí la lectura me adiciona mucho. Condiciona mi vida porque no concibo momento ni tiempo sin el disfrute del olisqueo del libro recién llegado o la llamada que hace desde la estantería. Y se volverá a caer en la difusa concupiscencia del mainstream o como quiera que se nombre ahora a la estulticia de caer rendida a las viles promociones literarias.

De vez en cuando surge el milagro. Ay amigas/os, cuanto menos frecuente más felizmente degustado y te llega uno de esos milagros de papel. Una novela bien construida, con voces que desde el primer momento entran en el universo que se forma entre la historia y la invadida lectora. Con una estructura perfecta que pronto olvidas para adentrarte en la historia. Te sorprende lo contado por inhabitual. No  resulta previsible como ocurre tantas veces en las que sabes con exactitud qué ocurrirá, qué dirá o qué vuelco sufrirán los personajes. Ocurre todo lo contrario, se trata de gente común con vidas comunes que son milagrosamente sorprendentes, gente que ni se mira ni reparamos en ella pero que el milagro de una autora grande le pone foco. Y el salón solitario de la casa se te puebla de personajes amigables o malvados, da igual porque los amas por igual. Y la obra se convierte en vivencia fija que dura lo que dura, no un wisky on the rocks, porque estas cosas dejarán un poso indeleble que en un ratuco formará parte una misma, educará el alma, incluso conformará la supuesta escritora que eres. O quieres ser.

 

El milagro es una novela bien escrita, con alma, con la fuerza del sentimiento que corre por las páginas e inunda una historia que se funde con el lenguaje literario escogido. El milagro es la verdad de quien escribe con el talento que sale de las tripas y rezuma intelecto de primigenia literatura. Buena literatura.

El milagro es pasarte un día de fiesta en que habías pensado salir, ir a sitios muy chulos, o a la playa, pero  como la fiesta está en casa pues se te pasan las horas dentro de esa historia, vigilando al tal Hércules, en el Negro Smith o en la Montse,  amando como aman las amigas fundidas en vidas paralelas que se difunden para luego juntarse. Se te pasa el día de fiesta en que estaba prevista la playa o el campo, o la comida fuera, como un suspiro aspirando lo más viejo del mundo que es alimentarte de historias ajenas que te cuentan la tuya. Se te pasan las horas como debían pasar los Cromañones o Neardenthales (que nunca me aclaro quienes fueron antes) envueltos en la brumosa calma de una fogata en la cueva olvidando devorar el mamut porque alguien, el o la maga de la tribu, contaba una historia y eso hipnotiza hasta olvidarse del hambre.

El  milagro existe y entonces me doy cuenta de que no debiera padecer  el síndrome de  impostora porque  es posible que lo que no me gusta o se me hace bola, a lo mejor no fue escrito para mi paladar o simplemente era una mierda pinchada en un palo. Con mucha publicidad y alharaca pero mierda.

Por eso me da tanto gusto encontrar el milagro en una mujer que además me cae muy bien, con la que pasé unas horas de gustosa conversación, que me invitó a su casa -un nido caliente en ese pueblo jugoso que es Santoña- y que mientras su compañero trasteaba en la cocina ella y yo desmenuzábamos a varios autores (hombres, casi todos) y nos aconsejábamos lecturas jugosas.

Por eso, descubrir el milagro de que existe una gran escritora que no lleva las  florituras de las modas efímeras, de la explosión colorista que hace a alguno (casi siempre un hombre) ser ubicuo y aparecer en todas las esquinas del mundo literario mainstream, o como se diga. Y que esa autora, además es una tipa tan grande que no se da ni cuenta y me ha regalado su libro con una bonita dedicatoria como me regaló su porrusalda o la jargüeta frita tan deliciosa además de  su conversación. Sin esperar ni una referencia, ni una loa, ni un ápice de eso que buscan muchos/as cuando escriben. Engrandecer un enorme y hueco ego enfermito de mucho cuidado.

La maestra del buen hacer literario es Carmen Peire y ya les aseguro que si buscan su novela  Mapas de Asfalto me van ustedes a querer un poco más por descubrirles esa joya.

De nada. Y reclamen con furia a las librerías que no lo tengan expuesto. Les repito que es una joya inolvidable.

María Toca Cañedo©

Sobre Maria Toca 1895 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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