No os confundáis: no habéis inventado nada.
Antes de “Charo” ya nos llamaron locas, histéricas, marimachos, lesbianas, gordas, viejas, niñatas, feminazis, exageradas, amargadas.
Cada generación patriarcal crea su insulto para frenar a las mujeres que no obedecen.
Pero antes de seguir repitiéndolo como si fuera ingenioso, recordad algo:
Las “Charos” hemos moldeado mucho del mundo que hoy habitáis.
No desde la comodidad, sino desde la resistencia y el pensamiento constante.
Las feministas conseguimos a lo largo de la Historia que:
Las mujeres pudiéramos votar, estudiar y elegir profesión.
Trabajar, manejar dinero propio, tomar decisiones sin tutela masculina.
La violencia machista dejara de ser un secreto familiar para convertirse en un problema político.
El acoso sexual, laboral y callejero se nombrara y se persiguiera.
Decidir sobre nuestro cuerpo fuera un derecho, no un permiso.
La igualdad se convirtiera en leyes, políticas y recursos.
El trabajo doméstico y de cuidados dejara de ser invisible.
Pero también transformamos lo afectivo-sexual, ese territorio donde más culpa, silencio y abuso ha habido:
Hoy puedes decir NO.
Hoy puedes decir SÍ y reclamar tu placer sin vergüenza.
Hoy puedes nombrar la coerción, la manipulación, instrumentalización y abusos en nombre del amor y la violencia sexual.
Hoy puedes denunciar la pederastia, el abuso sexual intrafamiliar, institucional, deportivo o religioso.
Hoy la infancia tiene derechos y la integridad corporal NO se negocia.
Hoy podemos señalar que el porno mainstream es violencia hacia las mujeres convertida en entretenimiento.
Hoy es posible exigir límites, consentimiento y relaciones igualitarias.
Todo esto cuesta mucho y está aún en cuestionamiento en medio mundo.
Necesitamos continuar.
Los grandes o pequeños logros supusieron para muchas poner el cuerpo, la «reputación», el trabajo, la salud mental, la libertad.
Costó enfrentarse a la familia de origen, a jefes, al mundo clerical, a jueces, a medios, a partidos, a desconocidos y a conocidos.
Costó pelear con la desigualdad estructural, con la desigualdad económica, con la idea de que las mujeres valen menos, producen menos, merecemos menos.
Costó entender que sin perspectiva interseccional no hay justicia y que sin mirada decolonial no hay libertad ni feminismo completo.
Costó romper privilegios, revisar los propios, caminar con todas las mujeres a las que el sistema quiere debajo de la alfombra.
Luchamos a contracorriente para que tú, mujer joven, puedas hoy decir lo que te plazca sin que te quemen viva en la plaza pública o te señale el vecindario por tu forma de amar, vestir, expresarte.
A partir de aquí, tened claro algo:
Podéis inventar todos los insultos que queráis, pero ninguno va a detener un movimiento que lleva siglos desafiando imperios, iglesias, estados y mercados.
Ninguno va a silenciar a las mujeres que ya aprendieron a hablar en voz alta y no susurrando tras las paredes.
Ninguno va a borrar la memoria de nuestras madres, abuelas, hermanas y maestras cuya lucha es nuestra columna vertebral.
A las jóvenes: este fuego también es vuestro. No dejéis que os dividan.
Si ser “Charo” significa defender a las niñas y niños, los dolores e inequidades sociales, económicas, políticas, afectivas, señalar lo que siempre se quiso ocultar, tumbar desigualdades, hablar de sexo sin miedo, luchar por justicia social, económica y racial, y no callar jamás.
Entonces lo digo con todas las letras:
Viva Charo, viva.
Viva la genealogía feminista, ¡Viva!
Que necesitamos un mundo mejor para todas.
Buen día, otro día.
María Sabroso.

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