LA BOLSA O LA VIDA.

El neocapitalismo que hoy asola nuestros montes, nuestros campos, nuestras ciudades, nuestros pueblos…, los valores que nos construyen como humanos, es tan brutal, tan agresivo que niega la vida, es más, llevado al extremo, la negación de ésta cotiza al alza en la bolsa, gana enteros, y nos lleva a la vieja disyuntiva. Hoy, más que ayer, se trata de decidir entre «la bolsa o la vida«.
En una sociedad en el límite de la enajenación alimentada, programada desde grupos mediáticos desnaturalizados, ganan adeptos los que nos niegan la vida, los que niegan la terrible evidencia de que el paradigma capitalista, en su exacerbación, nos ha conducido a la destrucción del hogar. Negar a estas alturas el cambio climático es un atentado contra la vida. La Tierra está enferma y la patología pone lupa a todo lo que ataca su salud. Las estaciones se nos han desdibujado, son reliquias de un pasado que se nos queda detrás de la esquina, pero que parece que hemos olvidado. Este agosto será, según todas las previsiones de la ciencia, el más fresco de los próximos.
En este estado de cosas, escucho reclamar que hacen falta más medios para luchar contra las decenas de incendios, que éstos están rompiendo todos los parámetros conocidos, a los mismos que llevan años diciendo que mantener una dotación permanente de bomberos forestales durante todo el año es un despilfarro, a los mismos que exigieron más medios durante la DANA los mismos que siguen especulando con el terreno, olvidando a los fallecidos.
A su lado, callan los que niegan la tragedia y con su silencio cómplice aguardan el momento en que el grito descerebrado tape el dolor para volver a enarbolar sus soflamas negacionistas, racistas, homófobas. Dónde está Vox en estos momentos, me pregunto, en qué cuarteles de invierno se han atrincherado para no escuchar el quejido de nuestros montes, de nuestros bosques. En qué radica su nacionalismo enfermizo, qué clase de «amor», de veneración miope a una patria que, en el paroxismo de la caricatura, desoye el lamento de la tierra.
Vox, en su programa no escrito, niega la vida, su verbo se difumina en un aíre contaminado, no aguanta la palabra escrita, espejo de su barbarie. Lo peor es que, en esta lucha electoralista y demente por el poder, sus vecinos de rellano se han contaminado, será de tanto coincidir en el ascensor, aquel con el que pretenden llegar a los cielos, es decir, a los infiernos. Allá donde acabaremos condenados si no encontramos el antídoto. A mí, no se me ocurre otro que la democracia, la que el mal ha parasitado para devorarla, quise decir, degradarla.
Mi pacto por la Democracia es un pacto por la preservación del medio, por la igualdad, por la justicia social, por el pluralismo, por la libertad, por los derechos humanos. La utopía está ahí, el problema es cómo caminar hacia ella, cómo volver a su sendero, a la bifurcación en que cogimos el camino más transitado a lo largo de la Historia. Volver al cruce con el libro abierto y la memoria recuperada para, una vez más, elegir el menos transitado, el que, sin embargo, nos ha conducido a las páginas más hermosas, a los avances, al progreso en valores…
A la elección correcta: la vida.
Juan Jurado
Sobre JuanJ Jurado 109 artículos
Profesor de Lengua y Literatura española. Publicaciones en La prensa en el Aula. Octaedro. Cuaderno para la comprensión de textos. Octaedro. Ponente del Diseño curricular base para la enseñanza de la Lengua y la literatura española en la ESO, en Andalucía. He sido portavoz y concejal por el grupo municipal de IU en Úbeda. Actualmente no milito en ninguna organización política, pero si la calle me llama, voy.

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