No odio a la derecha. Simplemente, me gustaría verla reducida a la irrelevancia. Sé que si gobierna en España todo empeorará: los salarios se estancarán aún más, las pensiones no subirán, se incrementará el precio de la vivienda, se agudizará el deterioro de la sanidad y la educación públicas, crecerá la tensión interterritorial, se alimentará el odio -odio real, no retórico- contra la inmigración, las feministas, el colectivo LGTBI, los pobres, los intelectuales.
La derecha actual no se parece a la derecha de la posguerra europea, cuando surgieron figuras como Alcide De Gasperi, Robert Schuman, Konrad Adenauer o Ludwig Erhard, políticos ilustrados, dialogantes, pragmáticos y sin veleidades autoritarias. Ahora, la derecha ha abrazado el populismo antidemocrático de Trump y Milei, desdeñando el pacto social de la posguerra europea, que garantizó décadas de paz y prosperidad. Vox está acogiendo en su seno a líderes neonazis, como los dirigentes de Hacer Nación, un partido xenófobo que se ha disuelto para unirse a las filas de Abascal.

Los jóvenes, parados y la clase media empobrecida piensan que sus vidas mejorarán con la victoria de la derecha populista, pero no está de más recordarles que Vox y el PP votaron en contra de la subida del SMI o la revalorización de las pensiones. España necesita una derecha como la de Adolfo Suárez y una izquierda con un discurso centrado en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la desigualdad. Si continúa alejándose de ese horizonte, solo nos espera más miseria, más desiguldad y quizás explosiones de violencia por el malestar popular.
Rafael Narbona.

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