Como aviso, en previsión de la consabida: “no todos/as” este artículo se escribe a modo subjetivo bajo la intención de aportar, casi más que hacer crítica, porque a la suscribiente le quedan grandes los análisis antropológicos.
Hace tiempo recibí un mail entusiasta de una lectora latina con raíces cántabras. Andaba encandilada, me contó, debido a un artículo que dediqué a mujeres que, según ella, eran antepasadas gloriosas de su estirpe. Mediaron varios mails, la señora X, mostraba capacidad literaria por lo que la invité a participar con artículos en las páginas de esta publicación.

Poco a poco, fuimos acercándonos hasta pasar de colegas a participantes de algo similar a la amistad (aprecio que por mi parte suelo ser de intensidad alta en eso de amigarme) La señora X mostró deseo de venir a España con el fin de investigar a sus ancestros, para lo cual me ofrecí a presentarle a gente que pudiera ayudarle. Lo hago poniéndole en contacto con mentor generoso que se presta a ayudar en todo abriendo, a su vez, puertas más generosas en conocimientos. Al poco solicita que le busque un lugar donde residir en mi ciudad, a lo que me entrego con ímpetu sorteando la dificultad de que la señora X viajaba con perrito y limitación económica, ambas cosas dificultaban el alquiler de vivienda . No obstante, encuentro un lugar idóneo, realizo el contrato con poderes, incluso me presto a abonar la fianza y dos alquileres. Recuerden, no nos conocíamos, solo intercámbianos mails.

Me anuncia su llegada, anulo trabajo esa tarde para recogerla en el aeropuerto, previamente llené la nevera de su pisito con lo básico para sobrevivir unos días pensando lo complejo del asentamiento de alguien que cruza el charco sin mayor información.
Mi coche, en Parayas, se convirtió en furgoneta de mudanza por lo enorme del equipaje. De camino a casa, surgió esta conversación.
–Oh, querida, eres bajita. Yo te hacía más alta, más imponente, eres casi como yo.
Mi mirada de extrañeza no la sorprendió por lo que siguió opinando sobre mi físico, que por lo visto, quedaba por debajo de sus expectativas… Reconozco que las apreciaciones me produjeron cierta perplejidad pero entendí que la mujer padecía el agotamiento debido al viaje por lo que la sutileza no surgía espontanea.

-¿Cómo te has arreglado para atravesar tu país hasta llegar a la capital, con tanto equipaje- pregunté más por cambiar el discurso que por curiosidad.
–Sin problema, verás, he tomado dos aviones hasta llegar a la capital, pero allí es sencillo. Tú sacas un dólar y lo agitas en alto- me gesticulaba con la mano haciendo puñito simulando exhibir algo- y siempre hay un indito cerca que te recoge las maletas y carga con ellas.
No pude evitar pensar que lo mismo la señora X confundía la amabilidad de mi acogida con la de una indita de su país un poco más blanca ofreciéndome el dólar al llegar a destino. Aparté el pensamiento agrio con un manotazo mental y proseguí mi conducción hasta el hogar concertado para ella.

Al llegar, cargué con parte de la contienda que acarreaba X, abrimos el apartamento y he de decir que agradeció mi gusto porque era precioso, pequeño, soleado, con una terraza magnífica desde la que se contemplaba la ciudad, lo había conseguido a un precio bajo dadas mis dotes de regateadora ayudado por cierto conocimiento amistoso con las dueñas…Acaldamos la ropa, organizamos el zingal de libros y atalajes varios, abrió la nevera y procedió a decirme.
-Gracias querida por las viandas ¿cuánto te debo?
-Nada, por favor, esto es de bienvenida, ¿cómo voy a cobrarte si es un regalo?
Dibujó algo de perplejidad en su rostro, no sé si agradecida o pensando que qué menos se espera de una acarreadora de visitantes.

Quedé en enseñarle la ciudad, cosa que hice y durante las sucesivas excursiones realizadas, observé que la conversación del dólar no fue una excepción, puesto que la señora X mantenía unas convicciones cuanto menos chocantes. Llego a decir lo que sigue:
-Tú en mi país serías considerada terrorista porque eres muy de izquierdas, y eso allí está mal visto ¡Escribes unas cosas..! de terroristas, ya digo.
Me amosqué bastante, confesado queda, porque la palabra terrorista en España mantiene connotaciones dolorosas y se suele esgrimir con malas intenciones. Se lo hice saber con tono agrio a lo que ella con sonrisa falsa cual Judas, insistió tomando a risa mi mosqueo.

Dos plantones después y varias descortesías, decidí que, como tantas veces mi intensidad amistosa, había vuelto a cometer un error. He de decir que me abonó los alquileres, pero malamente agradeció la línea telefónica que la cedí, las informaciones, carreras y ayudas varias prestadas hasta que me percaté de la verdadera cara de la señora X y la forma molesta, hasta llegar a lo ofensivo, de sus comentarios. Tal como este.
-No te lo vas a creer…¡he visto a un mendigo leyendo mientras pedía limosna en la calle!
-¿Qué es lo extraño?
-Que sepa leer…
Mi cara de extrañeza debió de sorprenderla mucho.

-Es que en mi país la gente pobre no sabe leer. Son inditos o negros bastante malandros, que, o bien, nos hacen servicios o andan en busca de asaltar a la gente normal. Pero ninguno sabe leer ni escribir.
Un silencio avergonzado por mi parte sirvió como respuesta a X, como podrán imaginar poco se puede decir ante el argumentario de dicha señora sin parecer invasora cultural o fantoche woke.
Poco después, como les adelanté, rompí toda relación, que por otro lado, ella asentada y relacionada a gusto, no mostró interés en mantener. No sin antes permitirme la maldad (intenten comprenderme) de cortar la línea telefónica que estaba a mi nombre.
Tiempo después hablando con una persona buena conocedora de diversos países latinos, surgió la conversación sobre X y mi extrañeza ante el racismo coyuntural de una persona culta y no demasiado derechizada como era X.

–Seguro que no era nada personal, María. He viajado por varios países latinos, como podrás imaginar me relaciono con gente de izquierda–la persona con la que hablaba era antigua activista del feminismo y durante años participando de cargos políticos nacionales de importancia– personas activistas del feminismo, de la comunidad lgtbiq+ y he observado entre los/as descendientes europeos (criollos) un nivel de racismo que resulta insoportable a nuestro entender estando normalizado entre ellos/as. No son conscientes de lo incomodo que nos resulta a las europeas el sesgo racista que muestran porque lo tienen normalizado.

Me contó diversos casos escuchados por ella que dejaban en nada mi experiencia con X, añadiendo que los posos del colonialismo eran profundos en esa América que se liberó de los españoles, por gente criolla, descendiente de los mismos que arrojaba fuera. Los libertadores no eran indígenas bravos antiespañoles, sino blancos criollos de buenas familias y ascendencia española. La blanquitud sigue siendo de alta cotización entre las clases medias y altas , cosa que pude comprobar por la algarabía de X al ponerse mechas rubias y maquillarse intentando borrar los rasgos indígenas que las sucesiva mezclas del colonialismo habían dejado en sus facciones. Conductas similares, quizá no tan marcadas por el descaro de X, he podido observar en algunas personas con las que he tratado con cierta asiduidad.

Ser descendiente de europeos, mantener los pantones de blanquitud al máximo, el pelo alisado a fuerza de escabechar el cuero cabelludo, maneras forzadamente europeas (0 que creen europeo) y el consiguiente desprecio al que consideran por debajo de su escala social, parecen rasgos normalizados de una sociedad en que, como dije más arriba, no se ha sacudido el colonialismo ni ha integrado a las diversas comunidades indígenas en las sociedades urbanitas, mostrando una displicencia más o menos educada en donde pervive el desprecio racial.
Para la población criolla venezolana, las políticas sociales de Hugo Chavez, eran intolerables porque se dirigían a estratos de la sociedad que la criollez considera de baja calidad; mucho me temo que lo más molesto para las elites venezolanas, hasta la ofensa grave, eran sus rasgos indígenas y el color amarronado de la piel, más que el ideario socialista.

La prueba de tal intolerancia al indigenismo es que, mire usted por donde mire, no hay presidentes indígenas, de raza negra o bien de mezcla lo insuficientemente clara para ser notoria. Ni en la izquierda ni en un país que supuestamente anuló el racismo como Cuba. ¿En qué momento de la revolución cubana vieron ustedes a negros en el poder revolucionario de los inicios? Siendo como son población masiva.

La respuesta a estas preguntas me demuestran la sima profunda que sigue marcando el colonialismo en los países latinos con la profundidad desgarrante que mostraron con crudeza los zafios cantos del domingo pasado en Sol.
Siguen existiendo los sesgos racistas porque andan interiorizados hasta lo más profundo. Los criollitos, se ofenden tanto o más que las posturas de izquierda radical por la errática posibilidad de que un “indito” un “marrón” un “cholo” y en el caso más ofensivo un “mono” detente el poder o camine por sus aledaños.

La blanquitud es norma para acceder al poder político y social. La blanquitud se admira, se considera parte importante de la personalidad moral del interpelante. Por tanto, la extrañeza que les ha producido a la turba venezolana, nuestra perplejidad por llamar “mona” a una mujer de color es un sesgo cultural más que de tendencia política, que también.
Llaman “mona” a Delcy y quieren que se vaya por haber sido cómplice de la represión del régimen errático y dictatorial de Maduro, pero sobre todo consideran al que mantiene suficientes pantones oscuros incapacitantes para el poder.
Y eso, creo, que es herencia de un colonialismo esclavista y atroz de nuestros ancestros. Sí, los españoles que llevaron la cruz y el idioma.
María Toca Cañedo©

Deja un comentario