Volviendo sobre literatura e IA, querría matizar alguna afirmación con la que concluí ayer. Cada época tiene sus límites y espacios de inteligibilidad. Algunos son muy contextuales y se pierden con la historia. Ya no sabemos cómo escuchaban los griegos la Ilíada, como tampoco sabemos qué fueron los evangelios en sus primeros momentos. En la modernidad, en cuanto la comunicación se abarata y extiende, también lo hace la diversidad de la escritura. Pensemos menos en la novela que en las matemáticas: lo que se tardó en entender el cálculo infinitesimal, en conectar el cálculo diferencial y el integral, en las revoluciones lingüísticas que significaron el álgebra, la teoría de conjuntos y la lógica formal, que abstrayeron todo significado anterior, o la topología como disciplina similarmente abstracta.

Cada época tiene sus límites para comprender tanto el mundo como los instrumentos que usa para entenderlo. Así la literatura: la revolución romántica que elevó el lenguaje cotidiano a lenguaje poético y más tarde se envolvió de nuevo en lo críptico y simbólico. Coexisten los lenguajes porque coexisten las maneras de pensar. Todas tienen sus limitaciones, pero en conjunto la división cultural del trabajo ha producido la expansión de la inteligencia colectiva. Aunque ciertos profetas anuncien que la inteligencia artificial y su autoaprendizaje profundo adelantará a la inteligencia colectiva, no puedo entender lo que quieren decir. Como si el aprendizaje profundo no fuese parte de la inteligencia colectiva y como si no fuese mucho más frágil que otras instituciones humanas, como las que han creado las infraestructuras que permiten que funcione. La inteligencia colectiva, a diferencia de la artificial, se basa en una rara combinación de cooperación y conflicto. Nace de infinitos actos de polinización cognitiva y emocional, pero también de la confrontación sistémica de intereses y proyectos. No es coherente y está sometida siempre a la tensión esencial entre creatividad y desarrollo, entre ruptura y continuidad. Y, sobre todo, es tan mala como la inteligencia artificial prediciendo el futuro, pero no es tan mala anticipando posibilidades, simplemente porque es capaz de crearlas. Y los saberes del hacedor son siempre más profundos que los que explotan sus productos.
Buenas tardes o días, según desde donde me leáis. Espero que disfrutéis con la película de Spielberg, El día de la Revelación. La disfrutaréis mucho más si en vez de pensar en extraterrestres pensáis en espacios de posibilidad que son ocultados celosamente por los poderes malignos. Ponerle cuerpo es solo una forma de pensarlos. Así es la alegoría en estos tiempos neobarrocos.
Fernando Broncano.

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