Los silencios

 

Cuando callas,  cuando no dices nada, cuando crees que no va contigo, has elegido bando.

 

Hoy les voy a contar una historia de silencios. De silencios y de palabras porque los silencios siguen siempre a las interpelaciones.

Martin salió de su casa recién aseado, como siempre. Iba con su camiseta blanca impoluta, sus rizos ordenados y su bello rostro adolescente con el brillo que pone la juventud.

Tomó, como todos los días, el autobús para ir al trabajo porque quiere hacerse con unos ahorros. Llevaba los cascos puestos con su música, ya sabemos que  los adolescentes viven envueltos en aromas musicales. Se sienta en la parte de atrás del autobús y ve a una señora que parece querer salir. La señora X lleva un brazo en cabestrillo y como Martín es un joven correcto se gira para facilitar el paso de la señora X. A la vez, Martín, observa que la señora X le mira con cierta ansia, por lo que se retira los auriculares a la vez que le hace un gesto de que la escucha. Ya les he dicho que es un chico muy correcto.

La señora X hoy se ha levantado agria, con un sabor alimonado en la boca y sin ganas de nada. Quizá ni de vivir. El día es caluroso, con la calima que  agota dejándonos exhaustas lo que no gusta nada por nuestros lares. A la señora X es posible que le agrie el carácter tener que tomar un bus en vez de desplazarse en coche propio con aire acondicionado y sin mezclarse con gente. La señora X siente un odio indefinido que le hace llevar siempre la boca tal que si succionara limón. Agria, ya les he dicho. Suele reír poco y siempre de cosas perversas. En realidad, a la señora X la vida en general no le hace gracia. Nunca se la hizo. Nadie la amó nunca, al menos no como ve en las películas que se ama. Tuvo un trabajo anodino y no pasó de clase media baja, aunque ella ansía equiparse a los que tienen altos vuelos sociales. Pero no es así. La señora X, con su brazo en cabestrillo, usa el trasporte publico una mañana calurosa de agosto.

Martín, en cambio, tiene una familia bonita, que ha vivido dramas pero anda rodeado de amor suficiente para traspasar la adolescencia con decoro. Su madre, protectora y activa,  levanta empalizadas ante cualquier  molestia de su chico, además de  un padre amoroso que le cuida mostrando el camino a seguir. Amigos debe de tener algunos y buenos porque Martín es un chico de diecisiete años, educado, dulce y con una sonrisa bonita. Imagino que hasta chicas tendrá moscardeándole. A esa edad, ya se sabe.

Ya les he contado que Martín tiene una bonita piel, tostada como cubano mezclado, un bozo encima del labio que le da prestancia de adulto;   es alto para su edad y fibroso. Acaba de salir de la niñez  enfrentándose a la vida con tranquilidad y con la sensación de que no hay hostilidad en el ambiente.

 

La señora X, mira a Martin con insistencia. Cuando observa que se ha quitado los cascos y puede oírla, le dice:

-Hueles mal. Hoy no te has lavado, niño. Dúchate que te güele el sobaco. Cochino.

Martín no entiende porque  le dice eso con tan mal tono, se ha duchado hace media hora. Olisquea su cuerpo pero no hay rastro de sudor. Martín huele a colonia…No entiende  a qué vienen esas palabras tan inesperadas como agrias.

La gente del autobús contempla la escena. Martín, mientras, observa las miradas que le dirigen con cierto pudor. De la perplejidad pasa a la vergüenza. No quiere montar escenas, él es tímido y no entiende lo que le pasa a esa señora que él deja pasar y muestra una extraña hostilidad.

La gente del autobús sigue callada.

Cuando Martín cuenta en casa esa noche lo que ha pasado, la madre resopla mientras la rabia le llega a la garganta. Ella sabe bien lo que ha pasado. El padre calla porque lo vive cada día de su vida. Cuando la madre relata los hechos a su padre, éste sabe también lo que ha pasado y le dice que no calle, que no silencie su rabia. Que lo cuente. Y Sara escribe una carta por si llegara a la señora X y le avergonzara un poco, pero sin ofender, porque es educada. Como Martín.

Sara, la madre de Martín, es española, blanca de piel. El padre de Martín es más oscuro, con  esa mezcla hermosa que se produce en los países en donde nos hemos unido. Cuba por ejemplo, porque, aunque son españoles, el padre procede de la isla caribeña. Martín es más oscuro que su padre, podríamos definirlo como “de color

Sus padres y abuelos saben por qué la señora X le ha insultado entre el silencio de un autobús urbano que los recogió en Nueva Montaña para trasladarles al centro de Santander.

La familia de Martín sabe lo que él, en su inocencia, ignora. Están comprobando en sus visitas anuales a mi ciudad la evolución que se padece. Se percatan, entre silencios preocupados, que tienen que proteger más al hijo porque el color de su piel es más oscuro.

Y como lo saben, lo cuentan.

No como hicieron los que viajaban en el autobús urbano a las once de una mañana de agosto en una ciudad de provincias, que callaron mientras la señora X, cualquier señora o señor X, humillaba a un chico que iba a trabajar y que olía como los ángeles.

Porque esos silencios se prenden de una sociedad que permite apedrear a menores, a precarios, insultar a quienes son diferentes, aunque no lo sean. Esos silencios son los que ocasionan los graves dramas sociales que estudiamos en los libros de historia y no entendemos por qué se han producido.

La familia adulta de Martín sí lo saben. Los produce el silencio de la gente de bien. Los produce el silencio de la gente que piensa que eso no va con ellos, que insultar y apedrear a jóvenes por su color, procedencia, religión, cultura o genero no es cosa suya. Y que se apañen.

Esos silencios son el origen de los dramas y de los genocidios. Porque quien calla, ha elegido bando. Y no es el decente.

María Toca Cañedo©

Gracias Martín por contar. Gracias familia por contar y confiar en mí.

 

 

Sobre Maria Toca 1878 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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