Nos hacemos falta, amiga.

Nos educaron para la autosuficiencia como si fuera la cima del desarrollo personal.
Como si necesitar fuera un defecto a corregir.
Nos dijeron que depender de alguien era perder poder;
que el amor propio se demostraba no sintiendo demasiado.
Nos empujaron a creernos islas,
a celebrar la independencia como si fuera libertad,
a callar la sed para que nadie la notara.
A mantener el discurso ácido de que la ternura es buenismo y sembrar amor una idea estúpida y sobrevalorada.
Y además luego nos llamaron dependientes.
Por llorar cuando no nos aman.
Por desear compañía cuando el mundo se cae a pedazos.
Por volver a escribirle. Por quedarnos un poco más.
Pero no estamos rotas por necesitar.
Estamos vivas.
Y sentir no es una patología.
El discurso de la dependencia emocional se ha convertido en otra forma de domesticarnos:
ahora, además de tener que sobrevivir, tenemos que hacerlo sin molestar.
Sin pedir. Sin esperar. Sin necesitar.
Pues no.
No me interesa esa falsa libertad que exige estar siempre entera.
No me interesa un mundo donde solo valgo si me sostengo sola todo el tiempo.
Porque sí, a veces me duele el pecho de esperar.
A veces me pesa el mundo acerado.
Y algunas noches me desarmo y asusto.
Pero ya no tengo miedo de apoyar mi esencia en otro hombro algunos días.
Recibir algo ajeno parecido a un consuelo.
El consuelo de amiga, de conocida, de hermana.
El de quien habla un idioma similar.
Porque esto también es resistencia.
Porque eso también es amor. La posibilidad de dejarse caer y sostener a otras.
Y porque no vine a esta vida para hacerla toda sola.
La autonomía total es un mito.
Una trampa que nos aleja, que nos aísla.
Nos agota.
No quiero llegar a la cima de un supuesto desarrollo ni cultivar el desapego si no es de lo material.
He venido a querer y que me quieran.
A ejercitar ese verbo hasta sacarle músculo.
💜
Buen día, otro día.
María Sabroso.
Sobre María Sabroso 177 artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

Sé el primero en comentar

Deja un comentario