Puente de plata, niña, puente de plata.

A quien no te dice qué le ocurre pero te mira con la barbilla levantada y no te contesta cuando preguntas ¿te pasa algo conmigo?, puente de plata.
Quien una semana te envía un hola cariño, cómo estás y a la siguiente no responde a los mensajes y después de mucho desconcierto suelta que ya te lo explicará en un futuro (falso), puente de plata.
A quien deja de hablarte porque no le haces un favor en una ocasión y se cree merecedor/a de recibir siempre y no dar, puente de plata.
A esas personas con las que tuviste un desencuentro hace quince años y siguen en su rocosa actitud siglos después cuando os encontráis, como si el hecho hubiese ocurrido ayer, puente de plata.
A quienes no te cuentan, por mucho que indagues e incluso mendigues explicación, qué les ocurre para comportarse distantes contigo, puente de plata.
A quien te marinea con «yo sé lo que te ocurrió con fulano, pero no te voy a contar lo que me él dijo y los otros refieren de ti«, bla, bla, bla, puente de plata.
A quien no reconoce su propia envidia y la proyecta ciegamente, puente de plata.
Quien te denosta y hace campaña de desprestigio porque tú has elegido no vincularte más en esa amistad o relación, puente de plata.
No somos seres de luz, nadie está galvanizado/a de bondad pero sí que hay personas en el camino que funcionan desde sitios más sintónicos que otras, como para perder el tiempo preguntándote por qué ocurrió algo inexplicable, por qué esa persona hace tal cosa extraña o la posible respuesta a que alguien te retire la palabra sin mediar un enfado.
Ese rumiar de lo que ha podido pasar con quien no tiene el más mínimo pudor en prescindir de una explicación o una reparación ocupa más energía que escalar montañas.
Si alguien te trata de manera que la única opción posible de respuesta sea TU CULPA estéril y una indagación vacía y sin dirección, puente de plata, niña,
puente de plata y a por otras relaciones.
Que las hay al otro lado.
No te vuelvas esclava de las barbillas levantadas y las espaldas graníticas, de los silencios hostiles ni de las actitudes inexplicables en las que lo único que se puede leer es:
-Algo muy grave he debido hacer para esto.
Pero nadie te lo cuenta.
Puente de plata a la esclavitud emocional y a las estrategias pasivo agresivas.
Y deja de tratar bien a quien no lo hace contigo.
Eso no es bondad, es masoquismo moral.
Sea pareja, familia o amistad.
Y si eres tú la que levanta siempre la silenciosa barbilla para castigar sin explicar, atraviesa el puente y háztelo mirar.
Buen día, otro día de salud emocional.
María Sabroso.
Sobre María Sabroso 181 artículos
Sexologa, psicoterapeuta Terapeuta en Esapacio Karezza. Escritora

1 comentario

Responder a Francisco MejíasCancelar respuesta