Semana Santa

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Mi primera experiencia de la Semana Santa no fue de las procesiones, sino de haberme tenido que aprender en la escuela de memoria «La pedrada» de Gabriel y Galán«:
los clamores escuchando
de dolientes Misereres,
iban los hombres rezando,
sollozando las mujeres
y los niños observando…
Mis primeras impresiones fueron de violencia. El relato cristiano es de la violencia de los judíos contra Jesús. Fernando Bermejo, en su libro «La invención de Jesús de Nazareth» sostiene que la violencia fue de los romanos contra un grupo resistente en crucifixiones masivas. He mirado muchas veces a los niños mirando las procesiones y me he recordado en mis primeras impresiones de violencia. No soy capaz de ver la Semana Santa de otro modo, como no soy capaz de leer la Iliada sino como un poema de la fuerza. Aún me horrorizan las imágenes que se celebran por las calles en esta forma de turismo masivo:
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«La hipótesis de que todos los ejecutados en el Gólgota estuvieron implicados en la resistencia antirromana, y por tanto de algún modo relacionados entre sí, no solo ofrece la explicación más natural de tal crucifixión colectiva, sino que es capaz de dar cuenta de manera sencilla y unitaria de todos los llamativos fenómenos textuales detectados. A esta luz, en efecto, cabe entender de entrada por qué la identidad de los crucificados con Jesús fue silenciada en la tradición conducente a los evangelios y también por qué la información sobre ellos fue drásticamente reducida. Aunque sin duda en este proceso las deficiencias de la memoria deben de haber desempeñado un papel, es difícil creer que originalmente no se hubieran conocido al menos algunas de las respuestas a cuestiones elementales relativas a los ejecutados junto a Jesús, tanto más cuanto que la crucifixión constituía un acontecimiento público. Ahora bien, tal información no solo no habría interesado a los transmisores de la tradición o a los autores de los evangelios, sino que estos habrían estado positivamente interesados en no preservarla, dado que acabó por resultar comprometedora para la figura de Jesús. En efecto, las circunstancias concretas de la crucifixión debieron de ser muy embarazosas allí donde nuevas realidades históricas impusieron la necesidad de desactivar cualquier elemento que conectase a Jesús con actitudes o personas hostiles al Imperio» (Fernando Bermejo Rubio: La invención de Jesús de Nazaret: Historia, ficción, historiografía)
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PD: no niego las cualidades estéticas de las procesiones, para nada. También hay una experiencia estética en la visión de la violencia y de sus celebraciones.
Fernando Broncano.
Sobre Fernando Broncano 13 artículos
Profesor de humanidades (cultura y tecnología) en Universidad Carlos III de Madrid Estudió en Universidad de Salamanca Filosofía.

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