Verdugos: Arias Navarro, el Carnicerito de Málaga o El Llorón del Pardo

En la memoria de todo boomer bien informada anda rondando la imagen de un tipo de tez acelgada que se asomó la mañana del 20 de noviembre de 1975 en imagen de blanco y negro por las pantallas de la televisión, contando lloroso y balbuceando que Franco –señor de horca, caudillo de las Españas por la gracia de una dictadura había muerto. Unas con regocijo, algunos con dolor, los más con miedo por el futuro que se auguraba impreciso, no olvidamos las imágenes del tipo pequeño que percibíamos desvalido y apenado. Era el busto de nada menos que el que fue elegido presidente del gobierno al volar bien alto Carrero Blanco, por un gobierno al frente del que estaba un caudillo enfermo de Parkinson y con el cuerpo mermado de un anciano tétrico. El hombre que presidía el gobierno ese día no era inofensivo, ni su historia tan banal como parecía su mediocre función política. Nada más lejos de la realidad.

Carlos Arias Navarro nace en Madrid un once de diciembre de 1908. Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid para acceder al  funcionariado del Ministerio de Justicia, sería poco después, durante la época republicana, cuando consigue el puesto de fiscal de Málaga,

Se duda de la ideología del provecto durante esa época ya que ha recibido cierta  influencia del catedrático de Derecho Sánchez Román y de Azaña, durante su estancia en el Ministerio que regía el que luego fuera presidente. Es posible que cierto tono izquierdista mostrado por el nuevo fiscal bien pudiera ser un camuflaje adaptativo de un ser poco dado a la honradez.

Cuando la guerra estalla, Málaga queda aislada de la parte andaluza que se une al fascismo por lo que tiene que defenderse casi en soledad.  Largo Caballero, a la sazón presidente del Consejo de ministros la da por perdida refiriendo la dolorosa frase clavada en la memoria de los/as malagueños de “ni una bala para Málaga” Es posible que el mayoritario posicionamiento revolucionario con tintes anarquistas de la ciudad malagueña torcieron la voluntad del gobierno de Valencia  desaconsejando una mayor implicación en la defensa de la ciudad mártir.

Carlos Arias Navarro, después del golpe, no duda de unirse al bando fascista, pero está atrapado en una ciudad hostil por lo que lejos de huir decide alistarse en las patrullas anarquistas de orden público como forma de pasar inadvertido y  desde donde husmea los sucesos de la ciudad que es bombardeada sin piedad de forma continuada por la aviación nazi fascista. Los bombardeos, como ocurrió en diversas poblaciones como Santander, Guernica, Madrid, Bilbao…sacuden la rabia de la población que, al cesar  los ataques y reconocer las muertes indiscriminadas  de habitantes de la ciudad, llenan de odio a grupos de gente descontrolada  procediendo al asalto de las cárceles, casas particulares o escondites de presos derechistas o reconocidos fascistas. Comienzan las  criminales “sacas” de gente que es asesinada sin juicio ni piedad. La ciudad amanece con cuerpos en cunetas y calles, tantos que desde el Ayuntamiento y las juntas de gobierno revolucionario siembran los edificios con pasquines solicitando cesen los asesinatos indiscriminados  que desacreditan la Revolución. Se crean tribunales populares que juzgan a los denunciados con las garantías de equidad posible en tiempo de guerra.

 

Algo ven los anarquistas en el patrullero Arias que les hace sospechar de su fidelidad revolucionaria, pero  Carlos Arias es un hombre  de suerte. Supo tejer “amistades” que le defendieron, primero de las sospechas de quinta columna además de  sacarle de la cárcel donde fue conducido al comprobarse su desatinada gestión de patrullaje ciudadano.

Atilano Lorente González,  a la sazón presidente de la Audiencia de Málaga,  lo mantuvo escondido en una pensión situada en el centro de la capital hasta que el 23 de octubre, a consecuencia del bombardeo que destruyó varios edificios, entre ellos los famosos Almacenes Masó, Arias que  se encontraba allí escondido,  tuvo que salir por temor al derrumbe de las almacenes . En la calle, la fatalidad le hizo coincidir con un grupo de milicianos de la FAI,  que intentan detenerle, logrando  huir mientras   don Atilano le busca refugio para mantenerle alejado de la situación bélica de la ciudad.  El juez don Felipe Varea Viniegra le ofreció alojamiento en el municipio de Pizarra, conduciéndole a la casa de su hijo don Pelayo Varea Rodríguez, que era  secretario municipal en este pueblo de la comarca del Guadalhorce.

El borracho criminal Queipo de Llano lanza diatribas de odio desde Radio Sevilla,  amenazando a los malagueños con eliminarlos sin piedad: “Perseguir a los rojos como a fieras, hasta hacerlos desaparecer a todos” ordenaba desde las ondas. «Una parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr con más prisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó incendiando algunos camiones». Bramaba el borracho de Sevilla mientras las bombas asesinaban mujeres, viejos y niños durante la Desbandá.

Lo que sorprende a Cristóbal Criado Moreno, contándolo en su libro “El PCE que viví en Málaga”, Artigraf. p.91 y en el documental “A sangre y fuego; Málaga 1936”, realizado por Antonio David Bravo Carrasco, Fco. Javier Sánchez García, Ezequiel Caldas y J.A.S Martín, es que cada noche Queipo de Llano contara en las ondas los aconteceres de la capital malagueña como si los hubiera vivido de cerca ¿Quién le trasmite a Queipo las noticias? se preguntan algunos malagueños al escuchar las babosas arengas del de Sevilla. Más tarde  se demuestra que el quintacolumnista Arias Navarro trabajó para el borracho Queipo  trasmitiendo lo que veía en su labor de patrullaje lo que permitía pavonearse al de Sevilla de la contundencia que la Quinta Columna tiene,  con lo que excitaba los ánimos vengadores en la zona republicana debido a la paranoia producida.

Corriendo ya  diciembre de 1936, Arias Navarro es descubierto en sus labores de quintacolumnista siendo detenido por un grupo de milicias y conducido a Málaga. Durante  el viaje hasta la capital le acompañaba Pelayo Varea para evitar, según él propio Arias Navarro, que fuese asesinado en el camino por los anarquistas.

Cuando Málaga es ocupada, el anarquista Juan Castro, antiguo compañero, fue detenido por las tropas franquistas. El cenetista se quedó estupefacto al ver a su amigo y compañero de patrulla anarquista ocupando el cargo de capitán honorario adscrito al cuerpo jurídico militar del ejército franquista, firmando innumerables sentencias de muerte (Cristóbal Criado Moreno. “El PCE que viví en Málaga” Artigraf.p.91) .

El acompañante salvador de Arias Navarro desde Pizarra hasta Málaga también fue detenido sin que nadie  intercediera por él. Don Pelayo Varea Rodríguez fue, así mismo,  condenado a pena de muerte, notificándose la sentencia en la cárcel de Málaga el 26 de febrero de 1937, a las doce de la noche del 2 de marzo siendo fusilado. Ni un mínimo atisbo de piedad tuvo el quintacolumnista con quienes habían salvado su vida en el pasado.

La población malagueña, abandonada a su suerte, huye en desbandada hacia Almería intentado ponerse a salvo de los criminales que han entrado con sabor de venganza. Son poco más de cien kilómetros campo a través bordeando el Mediterráneo, que en ese tiempo ha perdido la poesía de sus azules aguas llenando las costas con culturas ancestrales, para teñirse de odio. Desde el mar, el crucero  Canarias y el Baleares (hundido poco después) vomitan bombas a los más de 150.000 que huyen del terror. Además, desde el cielo, la Legión Cóndor y destacamentos de aviones fascistas hacen casi tiro al blanco con los huidos conformando lo que conocemos como “La Desbandá”

No todo es terror en esa huida porque mientras muchos se inclinan por matar, el canadiense Norman Bethune,  marcha con su convoy  llevando el material de trasfusiones que ha investigado y puesto en práctica durante la guerra con notable éxito, salvando numerosas vidas de combatientes republicanos. Viendo la masacre de niños, ancianos y mujeres desesperadas, se detiene incapaz de seguir adelante y decide auxiliar a los heridos en lo que puede.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39052853

Cuando las tropas fascistas entran en Málaga el tres de febrero de 1937, son recibidas con fervor por los adeptos y con el terror consecuente por la gente que no ha podido huir del infierno que se avecina.

Nuestro personaje retoma su profesión de fiscal en la nueva ciudad para poner en práctica las arengas exterminadoras de Queipo y las órdenes de Mola, Franco y el resto de la gente que dirige la banda fascista que  había dado el golpe fallido. Los juicios sumarísimos tienen en Carlos Arias Navarro al fiscal perfecto para pedir condenas con la sed de venganza característica de un fascista. Cuenta Cristóbal Criado Moreno, en el citado libro “El PCE que viví en Málaga” que cuando  el tiempo se dilataba debido a los numerosos juicios, terminaba la jornada con esta frase que define la justicia que practicaban: “como se nos hace tarde y quedan muchos por juzgar, pena de muerte para todos y nos vamos a comer

Se ponía en práctica la justicia de la nueva España, la católica, la salvadora… Como ejemplo sirva que, durante la primera semana de la toma de Málaga por las tropas franquistas, del 8 al 14 de febrero de 1937, los  fascistas ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944, otros 16.952 fueron condenados a muerte y fusiladas en la ciudad martirizada, según  informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor y publicado por el Foreing Office británico.

Queda constancia confirmada de que  son 4.300, con nombres y apellidos, los fusilados en esos primeros meses, lo cual está perfectamente documentados tras un rastreo en varios archivos. Todos ellos conforman  el horizonte de la fosa común del camposanto de San Rafael, la mayor exhumada desde la II Guerra Mundial.

https://todoslosnombres.org/malaga-carlos-arias-navarro-el-carnicerito-de-malaga/

https://www.youtube.com/watch?v=NcEXUMTEEXI

Nuestro hombre, hizo tan buena carrera en la ciudad malagueña que a partir de ese momento es conocido por el nombre de  “Carnicerito de Málaga”  El diminutivo le viene por su escasa talla no por ser liviano en su función de carnicero de republicanos. Cuentan los que vivieron aquellos años que al soplar el viento de levante el olor a muerte se extendía por toda la ciudad como una peste que recordaba la mano vengativa del fascismo.

Muertes que fueron la obra conclusa del Carnicerito de Málaga que años después llegaría a convertirse en presidente lloroso que nos dio la noticia que el criminal genocida acababa de morir.

 

Continuará mañana el segundo capítulo del siniestro verdugo Carlos Arias Navarro

María Toca Cañedo

Sobre Maria Toca 1892 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

1 comentario

  1. Magnífico tu artículo, que al mismo tiempo recuerda el horror de la Guerra Civil y sus consecuencias con los rebeldes fascistas. Gracias

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