La democracia degradada por los ultras (PPVOX)

 

 

José María Gil-Robles, líder de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) durante la Segunda República, pronunció unas de sus frases más polémicas contra el sistema parlamentario en un famoso mitin  que dio en el Cine Monumental de Madrid, el 15 de octubre de 1933, en plena campaña electoral.

Las palabras exactas que se citan son las siguientes:

«Nuestra generación tiene encomendada una gran misión. Tiene que crear un espíritu nuevo, fundar un nuevo Estado, una Nación nueva; dejar la patria depurada de masones, de judaizantes…» Añadiendo al momento que:

«La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un Estado nuevo. Llegado el momento, el Parlamento o se somete o le hacemos desaparecer.«

Estas palabras en el contexto que se dicen no producen demasiada extrañeza. Las tiranías  que se asentaban en Italia y emergían en Alemania, mientras en  la URSS se precipitaba al descalabro dictatorial estalinista con las consiguientes purgas, no propiciaban respeto por las formas democráticas. Por consiguiente, la democracia burguesa y liberal andaba en pleno declive desacreditada por la falta de resultados para la clase trabajadora que se debatía entre la desesperación y la esperanza en los nuevos movimientos que surgían y el afán de las clases altas por mantener los privilegios que veían peligrar después de la revolución bolchevique que parecía extenderse.

Los puntos fundamentales que trataba el discurso de Gil Robles eran una visión autoritaria y corporativista que chocaba frontalmente con la democracia liberal de la época. Consideraba que el sistema de votos era solo una herramienta útil para alcanzar el poder, pero no un valor que debiera preservarse por sí mismo.

También añadió durante el mismo discurso que: «Tenemos que dar a España una verdadera unidad, un nuevo espíritu, una política totalitaria». Como he citado más arriba,   en 1933 el término «totalitario» no tenía  la carga de descredito adquirida tras la Segunda Guerra Mundial, vistas sus consecuencias,  pero sí indicaba una clara admiración por los regímenes de Hitler y Mussolini.

La sinceridad del señor Gil Robles confirmaron las sospechas que tenían sobre los partidos que conformaban la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas) de que poco o nada respetarían el resultado de las urnas una vez tomado el poder.

Tuvo tiempo, desgraciadamente, Gil Robles, de lamentar su desmedido amor por la dictadura durante los años de exilio además de comprobar en la Europa destruida por la sinrazón nazi fascista y la represión genocida en España de  hacia donde conducían los tiranos que pretendían ofrecer soluciones abruptas y dictatoriales a los problemas endémicos que brotaban por las esquinas del viejo mundo.

Si de algo puede vanagloriarse la política democrática es que intenta  arreglar o paliar los problemas y divergencias sociales sin que la emprendamos a palos contra el adversario llegando a pactos razonables. Es muy posible que se nos produzca impaciencia a las personas que permanecemos bajo el enlosado del sistema, pero la lucha constante, la persistencia batalladora consigue avances que quizá las revoluciones sangrientas y pendulares, si bien son un rápido avance, terminan por  no compensar debido al baño de sangre que suele producir.

Me viene el discurso citado y las formas abruptas y broncas que se mantuvieron durante el régimen parlamentario de la Segunda República, al ver y escuchar al infame ultraderechista asaltar la tarima parlamentaria hace pocos días. A tenor del hecho escandaloso, se quejaban varios/as parlamentarias por la situación cercana a los escaños de Vox, de los graves insultos que profieren, además de los pataleos y ausencias de dichos representantes ultras – también de muchos del PP

Rojos” “comunistas” “podemitas” “bruja” por nombrar los insultos menos ofensivos que profieren engorilados. En tertulias televisivas  –una de hace poco en TeleMadrid resultó bochornosa debido a que los tertulianos llamaron  putas y zorras a las que habitan la bancada ministerial–  Los bulos infames en horario prime time que  adornan los medios de comunicación, las calumnias y persecuciones que apuntan a cualquiera que muestre cierto viraje izquierdista están a la orden del día destrozando reputaciones, paciencia y vidas familiares.

Por no hablar de las amenazas proferidas por Antonio Martínez Nieto, diputado regional de Vox en la Asamblea de Murcia,  un gañan, que promete desde la tribuna parlamentaria, actuar con violencia contra las partidarias del derecho al aborto y a la eutanasia.

De ahí que recordara las palabras del jefe de la CEDA. Porque en su sinceridad, Gil Robles, demostró que la democracia y las formas parlamentarias no eran más que un escalón para acceder a la autarquía o a la dictadura. Lo que sigue a esa prospección no tenemos que explicarlo porque es de sobra conocido. Sangre, crímenes infames, represión, desapariciones forzosas, censura, exilio, pobreza, muerte.

Los representantes de la derecha –sí derecha, porque el PP se ha contaminado con el brutalismo rentable de VOX—no son demócratas y nos sobran pruebas para comprobar que es así. No es posible ser demócrata y asaltar la tribuna de la presidencia parlamentaria invadiendo el espacio personal de la letrada y del vicepresidente del Congreso.

Una diputada se preguntaba poco después, con razón, ¿qué hubiera pasado de estar Armengol presidiendo? porque el machismo rampante de estos personajes engorilados es de tal calibre que es posible que ahora estuviéramos lamentando una agresión a la presidenta. Presidencia del Congreso que representa a la población española, de su partido o de cualquier otro, incluso de quien no vota. Por tanto, cuando José María Sánchez García, el demenciado parlamentario accede con amenazas hasta el estrado de la presidencia de la Cámara, está demostrando el desprecio absoluto que siente por las formas democráticas…y por las formas en su totalidad.

Escuchando y viendo esos comportamientos que no serían consentidos ni en un instituto de extrarradio nos extrañamos que no ocurran más actos violentos. Quizá el pueblo español, tan denostado algunas veces, demuestra más civismo y educación democrática que sus representantes.

Y no, no son todos iguales, que ya los veo asomar la patita. Testigos neutrales confirman la clara apreciación de los malos modos de la derecha (ultra y ultrimísima) incluso, en una memorable visita al Parlamento cántabro, pude comprobar por mí misma la chulería bárbara del parlamentario del PP, Iñigo Fernández que ofrecía una desagradable prueba de fanatismo gritón.

Siento pena/vergüenza escuchando a Armengol dando con su mazo intentando poner orden en esa manada de ñus en que se han convertido las bancadas de PPVOX; me pregunto ¿dónde están los correctos derechistas de antaño? ¿a dónde se fueron los que se escandalizaban por las vestimentas de los diputados de Podemos, o se santiguaban de espanto ante la llegada de una mujer con un bebé y de descorbatados? ¡El Parlamento se respeta! vociferaban, como lo hacen cuando ven llegar a Rufián con chándal, o a una periodista con escote en la espalda un caluroso día de primavera.

¿Respeto? ¿dónde queda cuando patean, gritan, insultan, o se levantan sin miramiento al que está en la tribuna? La conclusión que saco, es que piensan lo mismo que Gil Robles pero no lo dicen porque la época es diferente a la de entreguerras y está mal visto no ser demócrata. Para ellos (VOX y mucho del PP) la democracia parlamentaria es la travesía golgotiana para llegar al poder que ejercerían con todo el marchamo dictatorial del que se creen capaces. Y si lo dudan, recuerden la admiración que sienten por el defenestrado Orban, Bolsonaro y por Trump, consabidos demócratas, como sabemos, que niegan resultados asaltando con virulencia las instituciones cuando pierden.

Se me ocurre que las normas parlamentarias deberían endurecerse antes de que tengamos que lamentar algo más serio o peligroso que lo ocurrido hace poco. El castigo de expulsión por unos días me parece irrisorio, quizá si la penalización fuera  una alta cuantía económica, la cosa cambiaría. Me atrevo a sugerirles que ya que sigue vigente ¿por qué no aplicar, si fuera necesario añadiendo un anexo, la Ley Mordaza? que tan útil ha sido reprimiendo las calles consiguiendo ciertas dosis de autocensura.

Esto que apunto es solo un parche, lo que es imprescindible a todas luces, es conseguir expulsar a estas bestias de la sociedad. De forma democrática, naturalmente, pero expeditiva y rápida. Acuérdense de las proféticas y terribles que resultaron las palabras de Gil Robles.

María Toca Cañedo©

 

 

Sobre Maria Toca 1904 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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