La fe en los monstruos.

 

He sido de niña muy religiosa. Buscaba entre los muros del templo cumplir carencias concretas de amparo y calor de las que carecía intentando que la espiritualidad elevase la ambigua realidad, tan prosaica y lúgubre que me hacía  huir de ella. Sentía el burbujeo cálido escuchando la calidez de los cantos religiosos y las lecturas evangélicas pusieron cimientos seguros de lo que luego construí a trompicones.

El problema era de fe. Yo buscaba calor espiritual, pero en cuanto llegaba a lo concreto se me despedazaba el invento. Escuchando o leyendo como fue concebido Jesús, por una paloma fecundando a la madre virginal, como se supeditaba a las mujeres casi a la nada, como se ponía en valor la virginidad de María, mientras el resto de los apóstoles andaban casados o dios sabe qué. Del mismo Jesús se decía poco del tema, tan solo que amó a Magdalena, pero se nos insistía que era amor puro.

Lo del cielo y del disfrute eterno del señor de las barbas me parecía tan aburrido que para no desencantarme lo apartaba mientras  seguía los rituales esperando que el rayo de fe me traspasara como contaba la epístola que hizo con Pablo.

Nada. No pasó nada. Al cabo de un tiempo, cuando crecí y encontré alicientes que me compensaran, me deshice de la religión abjurando de ella como de la peste. Aproveché lo aprendido, eso sí, pero no las mojigangas de unas creencias absurdas.

Con el tiempo me he ido encontrando con ideas, lideres, políticos o sociales que demandaban fe. Y yo lo intentaba como de niña entre los muros eclesiales.

La fe, esa fuerza imprecisa que nos hace creer en lo que no vemos, sentir lo que no existe y palpar lo que no es. La fe, esa virtud malvada que nos hace prostituir nuestras creencias reales en base a las ajenas. La fe, ese  perverso impedimento de la razón…

Ya de mayor me he sentido fascinada ante la visión de gente que cree sin fisura en “su” partido en “su” jefe sin cuestionar ni un poco las consignas asignadas al momento, castigando sin piedad a la disidencia, a pesar de que muchas veces las ideas se vieron volteadas a poco que cambiara el viento. He estado en algunos  mítines políticos, os juro que he querido sentir el alma inflamada de quien ve abrirse los cielos de la esperanza…Sin conseguirlo jamás…o muy poco. Lo más que sentía era un vacío ante el vocerío y  sin darme cuenta brotaba la critica al instante: ¿Qué dice ahora, si está en pura contradicción con lo dicho hace meses? ¿Cómo puede asegurar eso sin aportar ni un dato? ¿y por qué no predica con el ejemplo?

En mi descargo diré que con los novios me pasaba lo mismo. Al entusiasmo inicial le seguía la contemplación de  fisuras por las que se me diluía la pasión sin dar lugar a sustituirla con algo menos sublime pero más real. Cierto es que me han deslumbrado alguna vez ¡cómo no! La inteligencia si va unida a la bondad me dejaba en éxtasis de amor sin pausa. Pero razonado, pensado y analizado.

Lo que siempre me ha ocurrido y sigue siendo parte fundamental de mi persona, es la huida pavorosa que emprendo cuando sorprendo al líder buscado, al personaje que  encabeza las lides, que habla por encima del resto, que pisa y exige devoción genuflexa. Si no he rendido honores a los dioses, me digo presta a la huida,  menos a este gilipollas, y salía corriendo.

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Todo esto viene a cuento de mi total perplejidad ante la constatación del tragaderismo humano. ¿Cómo es posible que, viendo las locuras infames de un Milei, las infamias malvadas y perturbadas de un Trump, los disloques y corruptelas de Ayuso, la nada absoluta de Feijoo, la falsedad tiránica de un Abascal…se les siga votando con amplias mayorías? No crean que eximo a lideres de la izquierda a los que aplico la misma pauta. Les juro que me fascina la capacidad de contención y de fe absoluta que puede llevar a un adepto a MAGA al que le prometieron que jamás habría guerra de invasión, que se destaparían los papeles de Epstein amparado en esa moral falsaria de papel couché, y le sigan votando.

¿Cómo se puede creer el ideario que suscribe a la familia por encima de todo, cuando los interfectos se han casado dos o tres veces y han compartido cama con múltiples partenaires? ¿Quién puede creer que un loco que implosiona ante la mínima discordancia, que clonó a su perro y vive con el clon y con una perturbadora hermana comisionista en horas bajas, pueda llevar a buen fin a un país en bancarrota?

Hace tiempo aprendí que la militancia política no va conmigo, ni el matrimonio…ni la pareja. Tuve que asumir con cierto dolor que era yo la incapacitada para formar parte de algo común donde se amputa en sentido critico y la perspicacia. Me confesé con cierto desdén que la anormal era yo. Lo que no es óbice para pensar que las tragaderas humanas son de tal calado que por ellas se cuelan, a veces, sujetos como Hitler, Netanyahu, Milei, Ayuso…De Stalin no digo nada porque fue elegido de forma piramidal además de manejar él los hilos del poder. Podría integrar de forma total con la pandilla de grandes malvados, pero fue impuesto,  no elegido.

Durante toda mi vida la constatación del autoengaño que produce la fe ciega, tanto en religiones, como en personas, me ha fascinado y careciendo de dicha capacidad, como les he explicado, intenté entender a través del estudio y la observación.

He llegado a alguna precaria explicación, pero sigo basculando entre la perplejidad y la comprensión de nuestra fragilidad como seres pensantes. Sigo pensando qué ¿cómo es posible que jóvenes en institutos, se anclen a una ideología perversa que impone el odio al diferente? Sigo pensando en ¿cómo es posible que un país forjado desde la emigración, crisol de muchas culturas como es el pueblo español, salga con una pancarta manchada de odio hacia niños que están solos en un mundo hostil? ¿Qué les hace sentir ese odio? ¿Qué maniqueísmo tuerce lo que pudo ser un alma limpia para creer que un inmigrante es el demonio y aplaudir al que dirige el banco que nos expolia, al CEO que explota niñas en el Tercer Mundo y a aplaudir al genocida?

Sigo buscando respuestas. Sigo pensando que la naturaleza humana tiene alguna fisura por la que se cuelan distorsiones oscuras que anidan en ella.

Perdura la falta de fe en dios, en ese cielo prometido a incautos  aunque les aseguro que en algunos momentos me gustaría creer en el infierno.

María Toca Cañedo©

 

 

Sobre Maria Toca 1920 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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