89 Aniversario de la Caída de Santander.

 

De forma sorpresiva en las elecciones de 1936 ganaron las izquierdas  en lo que entonces era provincia de Santander. Cierto que por margen escaso de votos produciéndose la consabida división en la sociedad santanderina. En  los núcleos industriales ganaron las izquierdas, mientras el mundo rural mantuvo fidelidad a los grupos derechistas mancomunados con las fuerzas vivas que los mantenían bien atados ideológicamente. Los caciques  sostuvieron la soga entre ganaderos y agricultores. El 18 de julio fueron diversos los errores y la descoordinación de los mandos militares de la ciudad, por lo que  fue  posible que la provincia se mantuviera fiel a la República integrando lo que se dio en llamar Frente Norte.

Poco antes del estallido de la guerra, el tres de junio de 1936, un falangista asesinó a Luciano Malumbres, mientras tomaba un café jugando la partida en lo que hoy es el bar Tívoli de Santander que entonces se llamaba La Zanguina. Malumbres, admirado periodista, director de la Región, coordinaba junto a su compañera Matilde Zapata un periodismo de crítica y hostigamiento a los poderes facticos de la provincia.

Incorruptible y honesto, Malumbres, era muy apreciado por la población de izquierda cántabra. Con esa misma fuerza le odiaban los adversarios caciques y fuerzas vivas,  a los que atacaba sin piedad. Es posible que con su muerte la contienda civil diera comienzo en Santander antes de que en el resto de población española. Su muerte será vengada al momento por  los compañeros de mesa que persiguieron al agresor disparando y matándolo  poco después del atentado . El falangista, natural de Castro Urdiales de nombre Amadeo Pico Rodríguez había venido desde Madrid para perpetrar el crimen, en lo que tuvo todas las características de ser un asesinato político bien preparado. Malumbres y Zapata eran incomodos al poder derechista que mantenía los lazos económicos bien atados. Escribió artículos  atacado a la SAM, cooperativa lechera de carácter oscuramente derechista, al obispado y  a una iglesia corrompida y antigua aunque Zapata se confesaba cristiana. También ambos se habían  mostrado críticos con los suyos, el PSOE en el que militaban,  cuando les pareció pertinente. A quienes se mantuvo fiel la pareja de periodistas fue a un pueblo que lloró, primero a Malumbres y luego a Zapata, aunque a esta última en temeroso silencia  porque  había caído el nubloso telón de la dictadura.

Durante los trece meses de la contienda, se suceden bombardeos, treinta y cuatro en la capital y un total de 184 en toda la provincia, lo que exaltaba los ánimos de la población dando paso a sucesos luctuosos en las personas de conocidos derechistas. La policía política, como en el resto de España, padecía la histeria de la Quinta Columna, debidamente enunciada por la propaganda fascista, por lo que existen diversas checas en la ciudad, la más conocida la de la Calle del Carmen que manejaba de forma criminal el inspector Neila de triste recuerdo.

El verano caluroso de 1937  camina  hacia el despeñe del Frente Norte. Había  caído Bilbao demostrando que el cinturón de hierro forjado con la idea de hacer inexpugnable la ciudad se ha dobló ante el furor de las fuerzas fascistas tan bien pertrechadas como mal estaban en el bando  republicano. En junio cae la ciudad vasca lo que hace que lleguen a Santander alrededor de 150.000 personas refugiadas que saturan la ciudad y los pueblos limítrofes. Son acogidos en colegios y cualquier edificio que pueda habilitarse como refugio, además de que gente común acogieron en sus casas a la población huida.

Los alemanes utilizaron la guerra civil española como ensayo general para la otra que intuían próxima y definitiva para la expansión de sus ideas e intereses. Con notable frialdad el petulante jefe de la Legión Cóndor,  general Wolfram von Richthofen, lo cuenta en unos diarios. Se ensaya en nuestro país para pocos meses después soltar la muerte sobre Polonia. Historiadores indican, con acierto a mi criterio, que la II Guerra Mundial comenzó en nuestro país que sirvió de laboratorio y experimento para las fuerzas nazi/fascista.

Las democracias europeas, se inhibieron en la defensa del gobierno legal republicano, demostrando con ello  la postración servil que mantenían ante Hitler. Las ordenes del Führer eran claras, preparaba la demolición de Polonia pero antes de llevarlo a cabo  quiso probar su Legión Cóndor  destruyendo ciudades plenas de gente inocente que padecían pero no participaban de la contienda. El pueblo mártir de Guernika, de Durango, Madrid, la Desbandá… y los sucesivos bombardeos que padeció  Santander, fueron dolorosa prueba de ello En España, los nazis probaron los ametrallamientos desde el aire y el bombardeo en formación alfombra que tanto éxito dieron a la Wermacht en Europa.

 

El día 24 de agosto, cayó Torrelavega, sin apenas resistencia. El Frente Norte estaba agotado, diezmado por el desgaste que produce tener enfrente un ejercito regular bien pertrechado y ejecutando órdenes precisas, apoyando los avances terrestres con la fuerza aérea que bombardea y ametralla desde el aire las posiciones terrestres.  Por contra, el ejercito republicano  del norte se ha formado con las resmas que quedaron de la sublevación, con militares, muchos de ellos, quintacolumnistas que trabajan para el enemigo pasando planos, tergiversando planes de ataque y organización. El grueso de las fuerzas republicanas eran milicianos sin apenas formación militar, incluso  con carencias políticas y  de formación cultural. Hubo constantes quejas de los mandos porque algunos de los milicianos abandonaban la trinchera para la cosecha o la siega, porque el hambre y la penuria en la retaguardia apretaban casi más que las balas.

Las trincheras defensivas republicanas pueden considerarse  de juguete frente a las bien construidas que tienen enfrente. Las tropas facciosas han embolsado al ejercito republicano en la parte sur de Cantabria acercándose peligrosamente a la ciudad de Santander. La batalla del Escudo puede decirse que fue definitiva en la consolidación de la derrota de las fuerzas que luchaban en el Frente Norte.

En los últimos momentos  se mantuvieron   fuerzas defensivas en Peña Castillo casi a la desesperada. En cuanto los desmoralizados y hambrientos soldados republicanos sienten los blindados y motorizados italianos, huyen en desbandada atenazados por el derrotismo que abate no solo al ejercito sino a toda la población además de que las noticias que llegan del gobierno nacional no son alentadoras. El hambre y las enfermedades derivadas del mismo, además de la labor de zapa de la Quinta Columna, han desbaratado las esperanzas de defender Santander.

En el gobierno central se turnan derrotistas intelectualizados como Azaña, depresivos convencidos de la fatal derrota como Indalecio Prieto y personajes de escasa magnitud para momentos de guerra como Largo Caballero,  mientras el desorden y la desorganización hará del desaliento costumbre. El gobierno ha huido de Madrid dejando a la capital al albur de defenderse por si misma y faltando un alma gallarda que lidere el drama que se desarrolla en un país asolado.

Como dijimos, en Santander se concentraban alrededor de 150.000 huidos de Euskadi. Entre ellos el gobierno de José Antonio Aguirre, que fija su residencia en la casa Rosales cercana al faro de Cabo Mayor, enfrente del hipódromo. Los gudaris han recibido orden de no unirse a los milicianos  que siguen la lucha porque perdido el territorio vasco no tienen  interés de batirse por otras zonas que nunca sintieron suyas.  El PNV, de no mediar la decisiva decisión de los rebeldes de anular el Estatuto, es muy posible que se hubieran unido al golpe de Estado. Durante ese interludio entre la caída de Bilbao y la de Santander. Aguirre negocia con los italianos buscando un pacto que salve al grueso de su ejército de las garras fascistas, importándole solo salvar a sus gudaris ya que disiente de la ideología del Frente Popular. A esas negociaciones se les llamó el Pacto de Santoña… que aún hoy siguen doliendo. En el puerto de Santoña, un barco inglés embarca a los gudaris, hasta que enterado Franco de las negociaciones con los italianos las quiebra violentamente obligando al desembarco de las fuerzas vascas.

A Franco no le interesaban ni los pactos ni salvar vidas. Quería ahogar la disidencia en un mar de sangre purificadora que domara para siempre cualquier veleidad izquierdista o democrática. Como demostrará durante toda la guerra, busca la eliminación del enemigo, purgar el territorio de toda persona que no comulgue con su escaso ideario uniformizando una patria a su antojo. Pudo hacer una guerra rápida, evitar baños de sangre (de los suyos, también) pero no quiso, para desesperación de italianos y alemanes que le apremiaban . Jamás entendieron sus aliados que no golpeara definitivamente Madrid en el 37  virando las tropas hacia Toledo  con el fin de “liberar” la  falsa pantomima del Alcázar y labrar una mentirosa historia que ha trascendido hasta hoy. Franco quería sangre, sangre de los “rojos” cuanta más mejor porque así le resolvían el trabajo posterior.

Las tropas de Aguirre no pelearon por Santander, el lendakari salió de la ciudad en el Negus –avión del gobierno vasco- hacia Francia y sus gudaris (salvo honrosas excepciones) guardaron el armamento. Con esos antecedentes no es de extrañar que los milicianos que defendían la ciudad huyeran abandonando armas y marchando hacia una  destino desesperado y desorientado.

Los sonidos de guerra despertaron a los santanderinos los últimos días de agosto con un fragor cada vez más cercano y potente. Hacía días que no había agua y poco después la luz desapareció de las noches ciudadanas, convirtiendo a sus habitantes en fantasmas hambrientos y sedientos, que solo quieren que todo  acabe. Los quintacolumnistas van saliendo de las madrigueras con el sabor dulce de la venganza en la boca. En algunos casos no aguantan la espera y deciden disparar contra milicianos que huyen o caen en la calle agotados, desaliñados y hambrientos. Los guardias de asalto, cambian su chaqueta ideológica al momento, no tanto por convencimiento como por utilidad. Hay unos ochenta guardias civiles que han estado agazapados esperando el momento de poder desgranar el odio y la violencia contra las izquierdas. En los barrios ricos de la ciudad  –esos que jamás temieron a las bombas porque los facciosos han tenido cuidado en la selección– ondean poco a poco las banderas rojigualdas. Siempre fueron los barrios obreros de todas las ciudades los barridos por las bombas y metralla de la aviación alemana. Los bombardeos han dejado la muerte donde la huida era más compleja . El asalto de los aviones de la muerte se producía de noche, a altas horas de la madrugada o al mediodía en día festivo como en el aciago 27 de diciembre, cuando  nueve trimotores Junkers Ju-52 de bombardeo, escoltados por nueve biplanos de caza Heinkel H-51, dejaron su metralla justo al mediodía  en el mercadillo que se formaba en el Barrio Obrero y aledaños como ocurrió en la ciudad martir de Guernica.  Alrededor de sesenta personas perecieron en dicho bombardeo, entre ellos varios niños. La gente enloquecida ante la masacre, esa misma tarde tomó revancha en el barco prisión Alfonso Pérez, dejando un reguero de muertos de más de 150 personas que se encontraban detenidos en el barco. Este terrible suceso, forma  parte del oprobio que la historia nos lanza a la cara a quienes defendemos la legalidad republicana.

 

En ese final de agosto,  quedaba poco por hacer. La moral estaba tan minada, el desorden de la ciudad rozaba el caos, con tiroteos, abandono de armamento, hambre y miedo, mientras en los muelles de la ciudad se agolpaban alrededor de cien mil personas, entre los vascos que querían salir y la población de toda Cantabria que se ha dado cita frente al mar en espera de un barco para salir del infierno que se intuye.

A Santander se acercaban cuatro divisiones italianas que  avanzan desde Peña Castillo, con 60.000 hombres y 20.000 tropas moras de regulares, requetés, legionarios y los guardias civiles que se  unieron al ejercito invasor,   adentrándose parte de ellos por la  zona  alta de la ciudad camino del Sardinero (tropas moras y requetés)mientras otra parte del ejercito invasor atraviesa el centro de la ciudad que son italianos.

El mando del ejercito republicano del  Frente Norte de Santander lo tiene el general Mariano Gamir Ulibarri, y la jefatura civil, Juan Ruiz Olazarán. El primero ha sido antes jefe del frente vasco y se ve sobrecargado por la inminente derrota. No supo aguantar ni le ayudaron los que debían, de haber aguantado unos días más  hubieran permitido  a la gran masa de huidos poder embarcar o llegar a la vecina Asturias con el fin de salvar la vida. En el puerto donde la gente se agolpa con ansias locas de salir, se escuchan tiros, algunos dirigidos hacia el vecino  que lleva ventaja, otros dirigidos hacia sí mismos. Hay barcazas que salen rebosando gente para hundirse por la zona de las Quebrantas, ahogándose los integrantes ya que nadie se preocupa de salvar vidas en el caos de la huida.

Cuenta Eulalio Ferrer que un amigo, Paco Quintana, poseedor de una pequeña gabarra  dejándosela para  que sirviera en la huida de  tres amigos , Cilio San Emeterio y Miguel Aguado, además de Ferrer. Se juramentaron antes de subir a la pequeña embarcación  que si la gabarra era interceptada por el Crucero Canarias  —apostado en el Cantábrico daba caza a los huidos– uno de ellos mataría a los otros, dejando el último tiro para si mismo. Ferrer y los compañeros llegan a Pauillac, puerto cercano a Burdeos, donde él torna a Cataluña con el fin de seguir luchando, mientras los demás continúan viaje. Poco después son apresados por el Canarias, cumpliendo con el juramento que hicieron antes de salir. A Ferrer la noticia de la muerte de sus camaradas le deja sin aliento en el frente catalán. Fue Miguel Aguado, el que ejecutó la orden y el último en morir.

A las cuatro de la madrugada del día 26 de agosto, que amanece caluroso, después de trece horas de deliberaciones en el Ayuntamiento con el fin de decidir quién y como se haría la rendición,  es encomendada al teniente de asalto, Francisco Delgado Recio. Años más tarde, contaría los detalles de la misma, en entrevista con José Ramon Saiz Viadero, para su libro La guerra civil en Santander. A las seis horas del día 26, el batallón Littoro del Fiane Nero y el XX 14 de marzo, entran en Santander.

Franco ha consentido al Duce que se tome revancha de la humillación sufrida en Guadalajara cuando el ejercito republicano puso en huida al italiano, mejor pertrechado y con más hombres, dejándole entrar en la ciudad norteña. La prensa italiana jaleó la batalla de Santander de forma épica, tan solo Indro Montanelli, periodista que avanzaba con los italianos, envió una crónica verdadera. Montanelli afirmaba que la conquista de la ciudad santanderina fue un paseo militar. Esa crónica casi le cuesta la vida al insigne periodista por diferir de la propaganda fascista.

No hubo batalla en Santander. No hubo defensa de la ciudad. Se entregó por agotamiento, hambre y desaliento. Y la traición de una cantidad ingente de quintacolumnistas.

Los moros acamparon al final del Alta (hoy, después de trasiegos y sentencias, Paseo de Altamira) . Los italianos desfilaron festejando su gloria, por el Paseo de Pereda junto a requetés y quintacolumnistas llegándose  hasta el Sardinero. La plaza central de la zona, sigue llamándose Plaza de Italia, en honor del ejercito del Duce, aunque nuestra alcaldesa lo niegue rotundamente.

A pocas horas de la entrega, miles de milicianos caminaban cabizbajos  hacia la plaza de toros escoltados por falangistas sedientos de sangre y venganza. Allí los concentraron en espera  de distribuir  la carga humana. Muchos fueron directos al paredón, otros, dilataron la muerte, semanas o meses, en los campos de concentración creados para el momento. Otros sufrieron la pesadilla de largas condenas y esclavitud. Las cifras de presos oscilan de 50.000 hasta 70.000, de los cuales, más de 30.000 eran vascos, el resto cántabros/as.

Las fuerzas vencedoras pasaron el testigo a los falangistas para que con el  amargo sabor de la venganza  dispusieran de potestad para incautar y ejecutar a cualquiera que hubiera tenido veleidades republicanas, aunque ni tan siquiera fueran de izquierda ni tuvieran cargos. Los juicios eran sumarísimos, sin garantía ninguna para los reos. En poco menos de diez minutos se despachaban condenas a muerte cada día tiñendo los muros del cementerio de Ciriego y de tantas fosas por la Comunidad, de sangre inocente. Al resto de la población una nube de miedo, silencio y desapego les sumiría por años. De eso se trataba, porque el terror sembrado por los ganadores  fue premeditado.

En el Ateneo Popular, mientras tanto, se producía una orgía. Los falangistas que habían entrado en la casa de la cultura, lanzaban con regocijo por las ventanas los libros que encontraron; entre ellos, los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La hoguera que los esperaba en la calle Pedrueca, devoró los libros como hubiera devorado al mismísimo Galdós de no haber sido piadosa la muerte con él.

Poco antes la biblioteca de Matilde de la Torre en Cabezón de la Sal, ardió junto con su imagen. Los muebles, la plata, los cuadros de María Blanchard siguen en las casas de quienes, como alimañas, asaltaron el hogar de la escritora.

A todo ello siguió un largo túnel de oscuridad y letargo del cual aún no hemos salido del todo.

María Toca Cañedo©

Agradecimiento  a José Ramón Saiz Viadero,  por tanto que necesitaría mil folios para decirlo.

Al abuelo Juan, a la abuela Modesta que lo vivieron y supieron contármelo para crearme conciencia y memoria. Siempre van en mi corazón. A Tasio, el tío abuelo que quedó en la fosa de Vistalegre con solo diecinueve años, ideales y un corazón que no supieron romper porque trascendió. Nadie, ni millones de balas, ni bombas o puñetazos nazis destruirá jamás los ideales de democracia, libertad, justicia social y la comunidad que formamos la gente de bien. Nadie, nunca podrá desterrar nuestras utopías.

En mayo, justo en el aniversario de su asesinato, un juez del juzgado de Santoña, dejó sentenciado el crimen cometido en mi tío. Muchas más sentencias han salido de la impugnación emprendida por sus descendientes.

Mi más sentido agradecimiento al fiscal de Memoria Carlos Yáñez y a su compañero Fernando que nos han facilitado la labor de reparación de los crímenes perpetrados por el fascismo.

Nadie devolverá la vida que hubieran podido tener. Nadie devolverá nunca el dolor de madres, esposas, hijos…que quedaron en el desamparo.

Solo nos sentiremos pagadas con la idea de que jamás se repitan los horrores que se vivieron durante aquellos años tétricos de guerra y dictadura.

https://www.youtube.com/watch?v=QnqqqPrpmJk

https://www.youtube.com/watch?v=mUb0lllLtII&t=329s

Sobre Maria Toca 1956 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

4 comentarios

  1. Muy interesante,gracias por refrescarnos la memoria sobre la dura caída de Santander como nieto de un combatiente republicano que estuvo convaleciente en el hospital de campaña del gran casino del Sardinero.
    Me ha gustado mucho,gracias!!!

  2. Mi tio era un futbolista reconocido que ya se ganaba la vida con el futbol en aquella epoca . Nacido en Deva ( Guipuzcoa ) , luchó como gudari en la derrota del cinturon de hierro de Bilbao y junto a sus compañeros huyó , cuando la derrota , hacia Santoña . Le capturaron y sin juicio lo condenaron a muerte . Entre los falangistas vencedores , figuraba otro conocido por el futbol como arbitro y años despues , como seleccionador nacional , Pedro Escartin . Falangista de pro reconocio a mi tio entre los presos y le anunció su condena a muerte . Pero le advirtió de algo fundamental…………….Cuando hablen contigo nunca digas que eres un gudari , es seguro que te fusilaran . Tienes mas posibilidades diciendo que eres comunista , que si te defines como gudari . Por ésta increible «treta» , le conmutaron la pena de muerte , por carcel . Curiosamente recien terminada la guerra , jugó varios años en el Atletico de Madrid ( entonces At. Aviacion ) un equipo que formaron los militares franquistas.

  3. Conocía parte de tu escrito, gente de mi familia siguen viviendo en Santander,,aquel que los acogió huyendo , unos de Guernica y otros de Bilbao ( la madre de un director de hacienda en SANTANDER era una de ellas ) ,,,no es el momento de explicar por que el cinturón, calló tan rápido pero es fácil de explicar si leemos la vida y milagros, del ingeniero que diseño el TALGO GRACIAS Maria agurPitxy

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