Se afirma con seguridad que la CIA, al contrario que los servicios secretos españoles, tenía ojos y oídos en Madrid de forma perenne; hay historiadores que se preguntan, no sin razón ¿cómo fue posible que no detectaran a los terroristas durante los seis meses que duró la preparación del atentado?
Una entrevista entre el principal organizador del grupo con un misterioso hombre vestido de gabardina, al que se apunta de forma oficiosa como agente de la CIA, en el bar Mindanao cercano a la embajada de EEUU en fechas cercanas al atentado, parece confirmar las sospechas. Yo misma, utilicé dicha entrevista y la plausible duda de la conformidad de la CIA con dicho atentado en mi primera novela, El viaje a los cien universos. Ayuda también en la desconfianza con la versión oficial, la buenísima relación que la CIA tenía con el PNV. De momento, no hay confirmación real al carecer de datos oficiales que avalen las las teorías conspirativas, no son más que conjeturas mejor o peor articuladas.

Lo cierto es que el día veinte de diciembre de 1973, cuando Madrid y el resto de España se preparaban para las celebraciones navideñas, el presidente Carrero entró en su Dodge Dart, marchó a escuchó misa en la iglesia de costumbre, San Francisco de Borja, comulgó como todos los días –lo cual auguró una segura subida al cielo y no solo de forma literal– A la vuelta, justo al paso por donde se hallaba el túnel cargado con entre cincuenta y cien kilos de un tipo específico de dinamita plástica de seguridad llamada gelamonita (referida históricamente en los informes como Goma-1 o dinamita goma), los integrantes del Comando Txikia (en homenaje a Eustaquio Mendizabal, un líder de ETA militar muerto por la policía unos meses antes) siguiendo el plan trazado para elevar el coche mientras se deslizaba a poca velocidad justo por encima de la carga de Goma 1, una señal del ideólogo de la acción, José Miguel Beñarán Ceñaran Ordeñana, alias «Argala» se accionó la bomba que levantó parte de la calle, elevando el coche de Carrero hasta el tejado colindante cayendo de inmediato en el patio del convento de los Jesuitas.

Carrero y los dos ocupantes del coche no murieron por la explosión sino como efecto de la caída del vehículo. Dicha acción fue realizada con una perfección absoluta. Anteriormente, los terroristas habían aparcado un coche Austin en doble fila, obligando al Dodge a pasar justo por encima de la bomba mientras que el efecto “volador” se consiguió por la física de la explosión, ya que al estar confinada la dinamita a un metro de profundidad bajo el asfalto y dentro de un túnel estrecho, la energía de la detonación no pudo expandirse hacia los lados siguiendo la línea de menor resistencia, sino que lo hizo justo hacia arriba. El asfalto se fracturó y canalizó toda la fuerza verticalmente, actuando de forma similar al cañón de un arma, disparando el coche oficial directamente hacia el cielo.

Al principio el vecindario pensó que la detonación se debía a un escape de gas, porque la idea de un atentado en Madrid era impensable para las autoridades de la dictadura. Se encontraban seguros de su poder, y como hemos repetido, su obsesión estaba solo en perseguir comunistas, masones, sindicalista y opositores de ideas.

Los nombres del resto del comando son: Jesús Zugarramurdi Huici, alias «Kixkur» . Estuvo presente en la ejecución de Carrero, apostado en la calle junto a sus compañeros fingiendo ser un operario de la compañía eléctrica. Javier María Larreategi Cuadra, alias «Atxulo» que se trataba del tercer miembro operativo apostado en la zona cercana el día de la detonación.
Otros integrantes que colaboraron en la fase anterior al atentado fueron:
Pedro Ignacio Pérez Beotegui, alias «Wilson, tuvo un papel fundamental en la fase de información y planificación en Madrid recopilando las rutas de Carrero Blanco, aunque no estuvo en la calle el día del estallido. Y por último José Ignacio Abaitua Gomeza, alias «Marquín», quien firmó el contrato de alquiler del semisótano de Claudio Coello haciéndose pasar por el falso estudiante de escultura.

Los terroristas, una vez realizado el acto, salieron de la zona con tranquilidad caminando hasta la estación de metro cercana marchando hasta Móstoles donde residieron durante un mes, al cabo del mismo cuando las cosas se habían calmado, salieron de Madrid, cruzando la península en dirección a Francia, sin ningún problema ni registros ni detenciones.
Ni la policía ni la Guardia Civil del régimen establecieron controles después del atentado, tampoco se intensificaron las investigaciones con el fin de detenerlos al poco tiempo. Todo ello aumenta las sospechas de cierta connivencia con poderes ocultos, que preferían ver desaparecer a Carrero porque era más que posible que, muerto el Caudillo, imposibilitase los procesos democratizadores y la entrega del Sahara a Marruecos.

Precisamente la tranquila estancia y posterior huida de los terroristas abunda en la teoría conspirativa ¿Cómo no tuvo la policía ningún indicio para detener al comando? También volvemos a repetir el argumento esgrimido por Semprún, que pasó más de diez años burlando a la policía española entrando y saliendo del país mientras tejió la maraña de confluencias que recuperaron al PCE consiguiendo cantidad de afiliaciones en el mundo de la cultura y conformando la fuerza política y sindical de CCOO como referente de lucha contra el Sindicato Vertical y la dictadura. La policía española, torturaba, pero era absolutamente inepta, argumenta Semprún en su autobiografía.

Lo cierto es que no se investigó demasiado. El comando etarra fue detenido por otros atentados y se supo quienes lo formaron a raíz de las siguientes detenciones. Posteriormente los detenidos salieron de las cárceles amparados por la Ley de Amnistía de 1977, claro que no tuvieron mucho futuro pero eso es otra historia porque nos meteríamos con las cloacas del estado y la sucia lucha antiterrorista.
La esposa de Carrero, Carmen Pichot y sus hijos mantuvieron siempre un perfil bajo después de la muerte del padre. En alguna entrevista concedida años después, una de sus hijas se mostraba critica con la policía y la inacción del régimen para desentrañar el asesinato del presidente, pero nunca llegó su protesta a ser más que tímidos susurros.

Historiadores contemporáneos señalan que Carrero aplicaba el ideario del régimen con una rigidez casi mística. Mientras que Franco podía llegar a ser pragmático o maleable por pura supervivencia política, Carrero fue siempre el guardián del inmovilismo ideológico.
No cabe duda de que el atentado de Carrero cambió la política española. Por más conjeturas que se han hecho, nunca sabremos qué hubiera pasado al morir Franco de seguir siendo sucesor Carrero. Se especula con la dureza y el convencimiento franquista del almirante, es posible que la Transición hubiera sido diferente pero no quiero pensar que lo fuera tanto porque daríamos protagonismo excesivo al poder franquista. Lo cierto es que fue el pueblo español junto a los partidos democráticos, sindicatos además de la lucha solapada y profunda de mucha gente los que empujaron a la dictadura al descalabro después de la muerte física del dictador.
El tiempo nos ha demostrado que no tanto como esperábamos muchas. Quedaron más cosas atadas que las que en su momento preveíamos.

Como colofón al cumulo de insensateces derivadas del atentado, se nombró a Arias Navarro como sucesor de Carrero, el llamado Carnicerito de Málaga , biografiado largamente en nuestras páginas, siendo ministro de Interior cuando sucedió el atentado. Fue empeño de doña Carme Polo, a la que él supo granjearse la amistad, la que impuso el nombramiento de Arias al gobierno dictatorial. Extraño premio el que hizo presidente al fracasado ministro de Interior, a cuyo mando estaban las fuerzas de seguridad que no detectaron el atentado. Algo que la hija de Carrero hizo notar en las pocas entrevistas concedidas.

Cuando ETA asesinó a Carrero el 20 de diciembre de 1973 el régimen perdió su pilar de continuidad mientras Franco quedó devastado emocionalmente (fue de las pocas veces en que se le vio llorar en público) y la dictadura perdió al único hombre capaz de mantener unidos a falangistas, militares y a los tecnócratas tras la muerte del dictador.
A través de este documental sobre el secreto mejor protegido de Carrero Blanco se analizan los entresijos de su poder y la enorme red de control e información que el almirante manejaba en la España de la época.

Epilogo.
¿Crimen consentido? ¿crimen realizado ante la ineptitud de las fuerzas represivas de la dictadura? ¿sesgo claro de la descomposición de un régimen basado en el terror y la barbarie de una postguerra que dejó larga huella?
No sabremos la verdad hasta que pase el tiempo y se investigue o se desclasifiquen documentos. De momento este crimen queda en la oscuridad de la historia comprimiendo varias conjeturas que no seguridades. Lo que queda claro y espero haber demostrado en este largo trabajo, es la complicidad absoluta de Luis Carrero Blanco con una dictadura cruel procedente de un golpe de estado, que provocó una guerra sangrienta y una larga postguerra que llenó las cunetas de España de inocentes, además de mantener los paredones de los cementerios con sangre republicana. Dictadura que jamás abjuró de su odio a la democracia, la libertad, y la vida.

Franco era un hombre desconfiado y hermético. Carrero se convirtió en el único capaz de descifrar sus silencios. Organizaba el flujo de información que le llegaba, filtraba a los ministros y actuaba como un escudo protector. Su sintonía ideológica era total: ambos compartían un catolicismo integrista, un acérrimo anticomunismo y la obsesión contra lo que llamaban la «conspiración judeomasónica«.
Luis Carrero Blanco es responsable como Franco de todos los crímenes de la dictadura. El hecho de sufrir un atentado no le exime de ninguna forma de su criminal paso por una guerra, postguerra y gobierno dictatorial. Todo monumento, agasajo y honor que se le mantenga, debe de tener en cuenta dicho axioma. Se homenajea a un criminal de guerra, al cómplice directo del dictador Franco, al amigo de nazis y fascistas.
María Toca Cañedo©

(1) Fragmento de «Juan de la Cosa» (Luis Carrero Blanco)
«Se ha querido dar una sensación de justicia al mundo con el proceso de Núremberg, pero Núremberg no ha sido más que una farsa y una monstruosidad jurídica. El primer principio del Derecho es que no hay delito ni puede haber pena sin una ley previa que lo determine (nullum crimen, nulla poena sine lege). En Núremberg, los vencedores han dictado leyes ex post facto para juzgar a los vencidos según sus conveniencias políticas.
Pero la hipocresía alcanza su grado máximo cuando en el banco de los jueces y de los acusadores se asientan los representantes de la Rusia soviética. ¿Con qué autoridad moral puede juzgar el comunismo a nadie por crímenes contra la humanidad, cuando el régimen de Moscú ha basado su existencia en el terror, en las checas y en la aniquilación de millones de seres humanos? Los mismos que ordenaron la matanza de miles de oficiales polacos en el bosque de Katyn pretenden hoy firmar sentencias en nombre de la civilización cristiana y del Derecho internacional.
Núremberg no se ha hecho para castigar el crimen, sino para castigar la derrota. Si las armas hubieran dado la victoria a las potencias del Eje, en el banco de los acusados estarían hoy sentados Truman, Churchill y Stalin, y se les juzgaría por el bombardeo de Dresde o por la destrucción atómica de Hiroshima con los mismos argumentos que hoy se emplean contra los generales alemanes.»
Obsérvese la desvergüenza ante el argumento utilizado de la creación de leyes a posteriori, sin darse por aludido lo realizado durante la postguerra donde se juzgaba con leyes creadas ad hoc de justicia inversa.
- No hemos conseguido el informe en su totalidad. Pasamos un resumen y un análisis del mismo:
El problema de la economía y el abastecimiento europeo
En los primeros puntos del informe, Carrero Blanco analiza cómo el conflicto ha cambiado y la asfixia económica que sufriría el continente (y España) si quedara totalmente aislado del comercio americano:
«Al alargarse la guerra, y dada la actitud de solidaridad de los EE. UU. respecto a Inglaterra, el problema militar del Eje queda, en cierto modo, en un segundo plano respecto a la importancia del problema económico de Europa entera. Se hace necesario, indudablemente, que Europa pueda vivir prescindiendo de los recursos de ambas Américas, todo el tiempo que sea necesario hasta la terminación de la guerra y para ello es indispensable proceder a una profunda reorganización económica del viejo mundo…»

El Canal de Suez como condición indispensable (Puntos 7 y 8)
Este fragmento es el núcleo de la argumentación para justificar por qué España no podía dar el paso de entrar en el conflicto en ese momento:
- – «Parece desprenderse de éstas que, por una razón casi de imposibilidad material, España no intervenga en la lucha en tanto que el canal de Suez esté en poder de los ingleses.»
- – «Ahora bien, el día que el canal de Suez sea ocupado por las potencias del Eje, la situación cambiará completamente de aspecto…»
Las consecuencias de una intervención prematura (Puntos 11 y 13)
Carrero Blanco detalla con crudeza lo que le ocurriría a la geografía y las posesiones españolas si el país se declarase beligerante frente a la superioridad naval británica:
- – «La situación, en tal caso, sería, en su aspecto general, la siguiente:
- a) Nuestras comunicaciones marítimas por el Atlántico quedarían absolutamente cortadas e incomunicadas las Canarias y Guinea con la Península.»
«[…] España quedaría con su litoral cantábrico-galaico y del golfo de Vizcaya en vanguardia del dispositivo europeo, y con Canarias y Guinea fuera del mismo y sin enlace posible con la metrópoli.»
- – «Nuestro litoral del Atlántico quedará expuesto a los ataques…»

La vulnerabilidad de la Armada (Fragmento sobre la defensa de Canarias)
En el cuerpo del informe se analiza el peligro de enviar barcos españoles a defender el archipiélago canario sin apoyo de artillería de costa pesada, calificándolo de misión suicida:
«Destinar fuerzas ligeras y en escasísimo número como las nuestras para rechazar un ataque de acorazados, es destinarlas a ser destruidas sin rendir lo más mínimo a la defensa o a la ridícula actitud, que no se soportaría fácilmente, de permanecer en puerto siendo blanco de las iras de la gente que por lo general no entiende de las cosas de mar…»
El impacto en los recursos vitales (Punto 16)
El informe también advertía del colapso de sectores alimentarios estratégicos debido al bloqueo marítimo:
- – «La pesca, aspecto sumamente importante para nosotros, quedaría notablemente perjudicada y limitada, aun con riesgos, a las proximidades de la costa; pues sin poder naval no puede protegerse la explotación de las riquezas del mar…»

Bibliografía:
El día que mataron a Carrero, Rafael Tomás Betríu.
Mis conversaciones privadas con Franco. General Francisco Franco Salgado Araujo
Autobiografía de Federico Sánchez. Jorge Semprún
Sobornos. Ángel Viñas
El silencio de Georg. Raúl Riebenbauer
https://lapajareramagazine.com/el-ultimo-ajusticiado-por-garrote
https://escaparateignorado.com/2015/12/14/los-astados-unidos-de-espana/
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