Pantano del Ebro.  La tumba del agua

 

«La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: «¡Qué bonito!»… Y qué triste, añado yo

Julio Llamazares, Distintas formas de mirar el agua.

 

Entre las historias positivas que se cuentan del franquismo, estando poco informada, se nos espeta con cierto brío que le debemos  la construcción de pantanos, entre otras cosas. Desde el NODO franquista se realizó ingente tarea propagandística para que pareciera que el pequeño tirano hubiera realizado por su mano las magnas obras que transicionaron a la España del Medievo hasta  la patria pionera y asombro del mundo moderno. Y todo gracias al Caudillo salvador.

Como suele ocurrir con las historias grandilocuentes sesgadas por los relatos interesados, este se basa en infames mentiras, en torticeras manipulaciones y en una sangría innecesaria de los pueblos que soportaron con más estoicismo del necesario a un dictador tan menguado como falso.

Creo que Camino Sirga, del penosamente desconocido Jesús Moncada, es uno de esos libros que nos hacen amar para siempre la literatura. El autor, aprovecha la tristura y la lejana nostalgia que produce la desaparición de Mequinenza bajo las aguas de un embalse para llevarnos a una cumbre literaria generosa. Mequinenza, como el resto de poblaciones enterradas bajo las aguas llevarían la prosperidad a tierras lejanas que padecían sed secular,  dejando en el olvido la historia de los pueblos enterrados bajo esas mismas aguas. Solo el talento de un gran escritor como Moncada, pudo trasmitir el dolor lacerante mechado de humor para poder sobrellevar el enterramiento del pasado. Julio Llamazares con su Distintas formas de mirar el agua, da el contrapunto del relato resultante que brota del desamparo de perder la identidad, intentando recuperar los olores, los colores y la tierra que nos pertenece por derecho de nacimiento y por la que transitamos hasta que los macro planes nos la arrebatan.

Ahogar la historia del pueblo donde se nace y se vive bajo el agua, duele. Y estos autores lo describen con la hermosura de la buena literatura. Los vecinos de Medianedo, La Magdalena, Quintanilla de Vardearroyo, Quintanilla de Bustamante, al completo y parte  de Las Rozas, Renedo, Orzales, Arija, Quintamil, La Población, Llano de Villanueva, han ido desapareciendo entregando la piel quebrada por el sol de Campoo y de las Merindades y las manos callosas de mucho trabajar con el recuerdo acaldado en el fondo de su mente para que no les brotase la rabia que reconcentró la humillación y el desamparo que se produce cuando el poder absoluto aplasta a la gente pequeña que vive y sufre como si fuera grande pero nadie la escucha.

Eran pueblos rumbosos con ricos pastos que generaban una rica ganadería además de una industria excepcional para la época.  Fíjense que, en los albores del siglo XX,  en la zona sur de esta tierra del norte que es Cantabria, existían las siguientes empresas: La fábrica de exquisitos quesos La Reinosana. La Sociedad Vidriera Reinosana (la de Arroyo, La Cantábrica y la de Las Rozas, la Luisiana) La Sociedad Arístegui y Castillo en Renedo. También había minas de lignito en Las Rozas y Arroyo;  de cayuela en Renedo y Llano. Productos Cerámicos de Bilbao de la que salía cerámica para lugares lejanos…  De todas ellas, solo la vidriera de Arija mantuvo a trancas y barrancas su factoría hasta que en 1953 se le hizo imposible, emigrando con todos sus enseres hacia Avilés. Generaba de 800 a 1000 empleos, solo la cristalera, con sueldos altos y derechos laborales importados de Francia lo que suponía pertenecer a la elite laboral en un país donde la dictadura amordazaba a todos y sobre manera a los trabajadores.

Para construir el pantano, no solo se expropiaron casas y las industrias de la zona, sino que también las vegas más productivas del valle. Esto rompió el ciclo económico de la ganadería y la agricultura local, obligando a la gente al exilio económico, al abandono y al olvido.

El proyecto de Manuel Lorenzo Pardo, que en 1916, contemplaba la inundación de los terrenos, casas y demás elementos que se encontraban por debajo de la cota de 839 m. sobre el nivel del mar (cota máxima cuando el Pantano se llenase al 100%). De esta manera, quedarían anegadas sobre el papel unas 270 casas, y 1.100 ó 1.200 que personas se verían abocadas al traslado forzoso, claro que fueron muchas más las afectadas de lo que nos cuentan los papeles.

Según el proyecto, la extensión de los terrenos expropiados era de 6.168 Ha, de las que 1.757 Ha serían prados y 105 Ha tierras cultivadas o de labor. De las 4.306 Ha restantes, unas 1.000 Ha contenían riquísimos yacimientos de turba, aparte de los pastos naturales que eran aprovechados, como decimos, por una excelente ganaderia. También tendrían que ser objeto de expropiación unos cuantos edificios públicos, como iglesias, escuelas y casas consistoriales. A todo esto, hay que agregar las indemnizaciones industriales por expropiaciones de molinos, fábricas (como «La Luisiana» en Las Rozas y «Cristalería Española» en Arija) y el abono de los perjuicios por aumento de filtraciones en las minas.

La  realidad  fue que se expropiaron 6.253 Ha, de las que aproximadamente 4.300 Ha eran terrenos de pastos, 1.750 Ha prados y 200 Ha terrenos cultivados. Desaparecieron inundadas más de 400 casas. Solamente considerando los núcleos cántabros afectados, 1.620 personas tuvieron que cambiar de residencia forzosamente (1.305 de Las Rozas de Valdearroyo y 315 de Campoo de Yuso (3)); otras fuentes elevan la cifra total hasta las 1.876 personas. La gran mayoría de ellos emigraron a otras provincias, como hicieron casi todos los que perdieron su empleo por el cierre de las empresas. La incidencia de la obra del Pantano fue muy severa y las personas afectadas nunca llegaron a comprender la razón del mal trato recibido ni de la falta de compensaciones económicas por parte del Estado y más porque se les prometió reparaciones equitativas que quedaron en el olvido.

La Confederación Hidrográfica del Ebro, creada en 1926, se comprometió a redactar y aprobar unas justas bases de expropiación para amparar a los afectados. Transmitió las promesas a varios representantes de Campoo, añadiendo que era prioritario atender  con generosidad las necesidades de los vecinos afectados ya que reconocían el gran sacrificio que le imponía a esta comarca la realización del Pantano que serviría para apagar la sed de media España.

Sin hacer ningún caso a lo prometido, la Confederación aplicó una normativa de 1928 momento de la expropiación, que no era la apropiada para esta ocasión con unas bases claramente injustas para aplicarlas en 1952 que es cuando los vecinos abandonaron las poblaciones, sin renovar las tasaciones, pagando a plazos…algunos terminaron de recibir el dinero en 1970 . Es decir, el vecindario tuvo que abandonar sus pertenencias recibiendo una miseria que apenas cubría la compra de vajillas, rehacer su vida donde pudieran pidiendo créditos que les endeudaron de por vida.

Se perdieron las propiedades construidas o  las casas que pasaban de padres a hijos, con la finca y la cuadra para el avío familiar,  los maizales inmensos y las tomateras que se perdían en la vista de las fértiles tierras. La tierra de la zona era arcillosa, se deshacía entre las manos y le crecían ajos salvajes y gusanos en abundancia. La zona era rica, vivía en concordancia con una naturaleza generosa hasta que se anegaron, y con ella la esperanza y la historia pequeña de la gente pequeña que jamás pudo olvidar.

En una conferencia impartida en el Ágora sobre la construcción y la historia del Pantano, el hijo de una de las habitantes de la zona nos gritó con la rabia que produce el dolor contenido: “en la esquela de mi madre, que ha muerto hace seis meses, puse que era natural de Medianedo, porque a mi madre jamás se le fue la pena de no tener pueblo”

La historia del pantano es larga. Como les dije más arriba, brota de la idea casi visionaria del ingeniero Manuel Lorenzo Pardo, que en 1916 imaginó el milagro de hacer un mar donde no había agua. Construir un embalse que facilitara la vida y exportara progreso hacia Castilla, Aragón, Navarra y Cataluña, que pasaban sed y miraban con ansia la generosidad con que la naturaleza pagaba a ese norte tan verde envuelto en nubes y pastos ricos en colores que nublaban la vista. Claro que el insigne ingeniero cuando portó los planes a las autoridades nunca pensó en las consecuencias que producirían tal descalabro en sus paisanos cuando el sueño se hiciera realidad.

La faraónica obra sufrió  las vicisitudes de la política española de la época. En los años veinte cuando el general Primo de Rivera tomó el poder después de un golpe de estado que intentaba tapar los desmanes del Borbón de turno(bien pudiera ser cualquier Borbón)  debido a la investigación del general Picasso que puso blanco sobre negro los desmanes que enriquecían a Romanones y a don Alfonso XIII mientras la guerra de Marruecos picaba la carne de los españolitos pobres que no tenían la posibilidad de pagar para no estar en esa guerra envilecida. Como decimos, Primo de Rivera, de exuberante carácter amigo de prostitutas y de  casinos, retomó la idea de las obras que calmaran la sed de media España gracias al desparrame del Ebro que nacía humilde en Fontibre pero se crecía al poco tiempo.

No pudo ser, porque el dictador tuvo que marchar corriendo a Francia, poco después le seguía el Borbón de turno (bien podría ser cualquier Borbón) y durante la República, Indalecio Prieto mostró interés en la obra,  pero los problemas cotidianos que azotaron el trasvase republicano no aconsejaban dispendios como el que proponía el ingeniero Lorenzo.

Ganada la guerra, atravesando la infamante autarquía, al generalito del Pardo, se le ocurrió que para hacer una España grande, lo mejor era emprender obras faraónicas como la del pantano. Era el momento ideal. Las expropiaciones se habían realizado en 1928, y con el poder que da la tiranía no se renovaron, ni se aplicaron intereses de demora. Eran cantidades ridículas cuando se propusieron así que pasados  veinte años quedaban en mero testimonio de la limosna que la dictadura ofrecía al pueblo.

La población, por querencia,  se resistía a abandonar los hogares que habían construido con sus manos, o recibido de sus padres como legado de la tradición, remisos a perder los rincones conocidos donde les abrazó la madre, amamantaron al hijo, lloraron muertes o rieron felices.

Y más cuando la pregunta que se hacían era  ¿a dónde? y sobre manera ¿cómo?

Atrás quedaron las viejas promesas. Falsas hasta cuando se produjeron “se construirá un poblado moderno de más de doscientas viviendas a todo lujo” Nada, olvido y mentira. “Habrá un tren que se dirija hasta Reinosa de forma rápida y directa” más mentira…Y por último algo que sí cumplieron como fue el puente de Noguerol, que recibía el nombre del humano que lo diseñó. Este puente prometido y construido, tenía una longitud de 950 metros, portaba treinta y nueve arcos de hormigón uniendo las poblaciones de Arija y Yuso. Hermosa factura la del puente, pensaron los vecinos que unía en poco más de un kilómetro lo que de no estar el puente se convertía en treinta.

El seis de agosto de 1952,  un rutilante Franco pulsó el botón que inauguraba el embalse, para ello subieron en autobuses a gente de las cercanías aportándoles banderitas y exigiendo el brío imprescindible para aclamar al dictador y en poco más de diez minutos  que duró la recepción con discurso y todo quedó inaugurado el embalse. La parafernalia subió en los coches sin pisar el puente, lo que escamó al vecindario que se preguntaba por qué: ¿qué pasaba para que el amo de la patria obviara la magna obra prometida a los desconfiados campurrianos?

 

Pasaba que debía haber informaciones de que aquello no andaba bien. Cuentan los lugareños que, si un ciclista se posicionaba en la parte de Arija, y otro en Yuso, ambos convergían justo en la mitad sin haber tocado el pedal. El puente se cimentaba en la base de aguas pantanosas, supuestamente se tuvo en cuenta porque se aseguraba que se construyó con cemento y materiales resistentes bien forjados por el ingeniero Noguerol. Claro que se rumoreaba por la zona  que mucho del material encargado no llegaba a la zona, escamoteado seguía viaje hacia  Bilbao donde se vendía a buen precio con el consiguiente enriquecimiento del personas avisado. Eran los años del estraperlo, de las licencias vendidas a buen postor, de los favores a fieles, del trueque político y económico.  El puente se quiebra un mes y medio  después de la inauguración oficial, quebrándose los arcos centrales partiendo en dos la dignificada unión de ambos pueblos que permitía accederse en minutos. Tiempo después el puente, en vez de reconstruirse como se volvió a prometer, se dinamitó porque debía de dar vergüenza ver el fiasco.

Los vecinos que casi se veían las caras en ambas orillas, necesitaban recorrer treinta kilómetros para llegar de un punto a otro. Más motivo para huir del lugar.

Promesas rotas que en esos tiempos nadie osaba reclamar a menos que se quisiera perder la libertad…o la vida. Las cosas del franquismo que ahora se añoran…

La construcción de la magna obra tampoco le costó dinero al régimen porque para eso habían ganado una guerra  contando con los presos esclavos que trabajaban sin descanso, comían de poco nada y se les podía abusar cuanto se quisiera. Por perdedores, por demócratas. 225 hombres dejaron parte de su vida y la salud construyendo el pantano del Ebro. Vivían (es un decir) en unos barracones infames sin más suelo que la tierra que se convertía en barrizal o en nevero durante el duro invierno. Literas con colchoneta lánguida y dos mantas viejas, sucias y rotas, completaban el  petate  de los presos. Parte del presupuesto que se disponía para la comida (exiguo a más no poder) se desviaba a bolsillo ajeno por lo que el hambre, la sed, las enfermedades derivadas de la suciedad (letrinas comunes, no había agua corriente, ni ninguna medida de higiene) diezmaron a los presos. Para la dictadura, los habitantes campurrianos importaban poco, imaginen los presos políticos.

 

 

Se consiguió acabar la obra digna de un faraón, inaugurada, tal como decimos, pasando a cumplir la función prevista: llevar agua a los campos de la España seca, reforzando las economías de pueblos y ciudades mientras el olvido cercó a los habitantes de las otrora ricas tierras campurrianas.

Se prometieron regadíos y mejoras en la electrificación rural,  que nunca llegaron a la comarca de Campoo, ya que el agua estaba destinada principalmente a las huertas del valle del Ebro y a la generación eléctrica nacional. Los restos de ese puente dinamitado se ven como las resmas de un sueño tan hundido como la vida de los pueblos inundados.

Cuentan los resistentes, que hubo gente que se negó  hasta el último momento a marchar. Salieron obligados  por el agua que llenaba los hogares sin perdonar la tozudez   arrebatando el hogar y los sueños. Algunos trasladaron las piedras de las casas a hombros o en carro y mula, otros acarrearon ladrillos para construir en algún lugar donde el agua no llegara y los más emigraron hacia donde se les ocurriera. América,  Madrid, Avilés

Los descendientes vuelven con el dolor de ver enterrados sus vidas  perdidos hasta sus muertos porque los  cementerios de los pueblos anegados tuvieron que cegarse con placas hormigón  porque el agua hubiera sacado los huesos a flote (lo hizo hasta que se dieron cuenta) y  estaba feo que los restos humanos nadaran por la superficie .

No quiero hacer moraleja, pero un poco sí. Las dictaduras son como esas placas que pusieron los infames en los cementerio, aplanan al pueblo, impiden que salga la verdad, la justicia y las voces. Me pregunto y se preguntan los/as descendientes de los expulsados si el Estado no es subsidiario de los desmanes de una dictadura cruel. Sería preciso ampliar la Ley de Memoria contemplando las indemnizaciones que merecen los que perdieron todo…claro que ya queda pocos, al menos sus descendientes y que sirviera de lección al futuro de que los desmanes se pagan.

El Pantano del Ebro hoy es foco turístico, tiene colonias de aves hermosas, a su alrededor ha cambiado el paisaje y hasta el clima porque crear un mar en tierra de secano lo trasforma todo. Si vas, viajero/a, no te olvides de acordarte del dolor y las lágrimas que costó ese mar de agua dulce que se hizo donde no había. Y que sus muertos y los vivos también llevan una placa de hormigón que cubre la verdad que jamás se debe olvidar.

María Toca Cañedo©

https://lapajareramagazine.com/batallones-de-trabajo-durante-el-franquismo-capitulo-i

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https://vacarizu.es/drupal/articulo/la-carcel-del-agua

https://www.youtube.com/watch?v=5ZD1BD6KfUc

https://www.youtube.com/watch?v=XVQY8-Zydtc&t=4s

https://www.youtube.com/watch?v=Kx22d3wZobs

https://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2014/10/22/presos-en-el-pantano-del-ebro-arroyo-arija/

https://www.youtube.com/watch?v=t-Xmv76gRVQ&t=1242s

 

Sobre Maria Toca 1898 artículos
Escritora. I Premio de Novela Ateneo de Onda 2016. II Premio Concurso Literario de Relatos del Bajo Cinca, 2015. I Premio de Relato Guadix 2020 Finalista de varios... Hasta el momento, tres novelas publicadas: Son celosos los dioses, Prototipos, El viaje a los cien universos. Poemario: Contingencias. Numerosas participaciones en libros de relatos corales. Diplomada en Nutrición Humana por la Universidad de Cádiz. Diplomada en Medicina Tradicional China por el Real Centro Universitario María Cristina

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